é le 10 août 1900 à Paris de parents parisiens, ce qui lui permet d'avoir l'air slave. Lycée, Sorbonne, Faculté de Droit, Service militaire jusqu'à la fin de 1923, d'où l'impression de ne vivre vraiment que depuis peu de mois. N'est allé ni au Thibet ni au Groenland, ni même en Amérique, mais les voyages qui n'ont pas eu lieu en surface on a tenté de les faire en profondeur. Ainsi, peut se vanter de bien connaître certaines rues et leurs hôtels de jour et de nuit.
A horreur de tous les esthétismes, qu'il s'agisse de celui d'Oxford et de pantalons larges, de celui des remords de cinéma avec leurs maisons de guingois, de celui des nègres et du jazz, des bals musettes et des pianos mécaniques…, etc. Voudrait bien pour des romans futurs retrouver des personnages aussi nus, aussi vivants que les couteaux et fourchettes qui figuraient les hommes et les femmes dans les histoires destinées à demeurer inédites qu'il se racontait enfant.
Avait commencé des recherches pour une thèse de doctorat ès lettres sur Diderot romancier , quand, avec Marcel Arland, Jacques Baron, Georges Limbour, Max Morise, Roger Vitrac, il fonda une revue « Aventure » qui lui valut d'oublier le XVIII siècle pour le XX. C'est alors qu'il connut Louis Aragon, André Breton, Paul Eluard, Philippe Soupault, Tristan Tzara, et un jour, devant un tableau de Giorgio de Chirico, il eut enfin la vision d'un monde nouveau. Il négligea définitivement le vieux grenier logico-réaliste, comprenant qu'il était lâche de se confiner dans une médiocrité raisonneuse, que, chez les vrais poètes, il ne trouvait ni jeux ni mots, ni jeux d'images, mais qu'il les aimait –et parmi eux tout particulièrement Rimbaud et Lautréamont– pour leur pouvoir libérateur.
A participé aux premières expériences hypnotiques d'où André Breton tira des arguments pour son Manifeste du Surréalisme . A donc pu constater de lui-même que le Surréalisme était le moins littéraire et le plus désintéressé des mouvements, et persuadé qu'il n'est pas de vie morale possible pour qui n'est point docile aux voies souterraines ou se refuse à reconnaître la réalité des forces obscures, a décidé une fois pour toutes, et au risque de passer pour un Don Quichotte, un arriviste ou un fou, d'essayer tant par ses actes que par ses écrits, d'écarter les barrières qui limitent l'homme et ne le soutiennent pas.
Son premier roman Détours (N.R.F/ 1924), une œuvre, un portrait (épuisé), était une promenade préliminaire où les critiques, et en particulier Benjamin Vrémieux, Edmond Jaloux, Albert Thibaudet, on reconnu des attitudes, des flâneries et des rages caractéristiques du jeune homme actuel. Mon corps et moi (1925), roman dont le héros porte en soi toutes ses aventures et où les gestes, les personnages ne sont que des prétextes, est un panorama intérieur.1926
acido el 10 de agosto de 1900 en París de padres parisinos, lo que le permite tener aire eslavo. Estudios secundarios, Sorbona, Facultad de Derecho, servicio militar hasta finales de 1923, de donde nace la impresión de vivir realmente sólo desde hace pocos meses. No fue ni al Tibet ni a Groenlandia, ni siquiera a América, pero los viajes que no tuvieron lugar en la superficie intentó hacerlos en profundidad. Así es como puede jactarse de conocer bien ciertas calles y sus hoteles de día y de noche.
Odia todos los estetismos, ya se trate del de Oxford y de los pantalones anchos, del de los remordimientos de cine con sus casas oblicuas, del de los negros y el jazz, los bailes populares y los pianos mecánicos…, etc. Para novelas futuras, le gustaría encontrar personajes tan desnudos, tan vivos como los cuchillos y los tenedores que representaban a los hombres y las mujeres de los cuentos destinados a permanecer inéditos que, siendo niño, se contaba a sí mismo.
Había comenzado a investigar para una tesis de doctorado en letras sobre Diderot novelista cuando, con Marcel Arland, Jacques Baron, Georges Limbour, Max Morise y Roger Vitrac fundó la revista “Aventura”, que le hizo olvidar el siglo XVIII por el XX. Fue entonces cuando conoció a Louis Aragon, André Breton, Paul Éluard, Philippe Soupault, Tristan Tzara, y un día, delante de un cuadro de Giorgio de Chirico, tuvo en fin la visión de un mundo nuevo. Abandonó definitivamente el viejo desván lógico-realista, comprendiendo que era cobarde confinarse en una mediocridad razonadora; que, en los auténticos poetas, no encontraba ni juegos ni palabras, ni juegos de imágenes, pero que los amaba —y, entre ellos, particularmente a Rimbaud y Lautréamont— por su poder liberador.
Participó en las primeras experiencias hipnóticas de las que André Breton sacó argumentos para su Manifiesto del Surrealismo . Pudo así constatar por sí mismo que el Surrealismo era el menos literario y el más desinteresado de los movimientos, y, persuadido de que no hay vida moral posible para quien no es dócil a los caminos subterráneos o se rehúsa a reconocer la realidad de las fuerzas oscuras, decidió de una vez para siempre, aún a riesgo de pasar por un Don Quijote, un arribista o un loco, intentar, tanto por sus actos como por sus escritos, apartar las barreras que limitan al hombre y no lo sostienen.
Su primera novela, Desvíos, una obra, un retrato (N.R.F., 1924, agotado), era un paseo preliminar en que los críticos, y en particular Benjamin Crémieux, Edmond Jaloux, Albert Thibaudet, reconocieron actitudes, vagabundeos y cóleras características de los jóvenes de nuestros días. Mi cuerpo y yo (1925), novela cuyo héroe lleva en sí todas sus aventuras y en que los gestos y los personajes no son más que pretextos, es un panorama interior.
1926
(La precedente noticia autobiográfica fue publicada en 1926, año en que Renée Crevel enfermó de tuberculosis, dolencia que lo acompañaría hasta el fin de sus días. Su novela La muerte difícil, del mismo año, es, como las precedentes, de inspiración esencialmente autobiográfica. Las siguientes — Babilonia, ¿Estáis locos? — son el fruto de sus esfuerzos por crear auténticas novelas surrealistas. Entre 1930 y 1933 publicó diversos ensayos — Paul Klee, Renée Sintenis, Dali o el antioscurantismo, El Clavecín de Diderot… —, para volver a la novela en 1933 con Los pies en el plato . Marxista militante, se empeñó infructuosamente en lograr la reconciliación entre comunistas y surrealistas. Decepcionado por la ausencia de estos últimos del Congreso internacional de escritores por la defensa de la cultura de 1935, y tras enterarse, el 16 de junio del mismo año, de que sufría de tuberculosis renal, se suicidó al día siguiente.)

Nuit - Noche
Métro - Metro
Elle ne suffit l’éloquence -
No basta la elocuencia
La mysticité quotidienne de Max Jacob
El misticismo cotidiano de Max Jacob
Mais si la mort n’était qu’un mot
Y si la muerte fuese sólo una palabra
Autobiographie - Autobiografía