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Espejito, espejito, ¿quién
es el más bonito?:
Espejismos, dobles y narcisismos
El ansia de la contemplación mutua debida a la satisfacción
de autocontemplarse en busca de propósito, procura
la comprensión acerca de cada uno en la propia circunstancia.
Reflexionar sobre los detalles del espejo, el doble y el narcisismo
en esta lectura aporta información significativa en
lo que respecta a cada una de las piezas estudiadas, los estilos
y las imágenes empleados por los autores. En su rodeo
léxicoestilístico relacionado con el tema
sexual subrayando el amor (o la costumbre amorosa), cada escritor
reconoce que:
It is now the partner in love that is expected to offer
the space for transcendence, to be the transcendence. He
must be a mirror in which my fantasy looks real; my fantasy
is to become real by the very fact of being reflected. My
own self, confined as it is by the mortality of its own
carapace, is to acquire a vicarious immortality by sundering
its private bond and being set free. It has to gain a new,
unbound and more credible existence within the trans-individual
"universe of two" (Bauman, 1992).
En
realidad, este sentido de convertir al amante o ver en él
la trascendencia, se efectúa hipócritamente
en las voces líricas escogidas, ya que todas se caracterizan
por exhibir diversos matices del narcisismo, tanto en lo referente
a la homosexualidad según se recoge del mito
de Narciso, y en la teoría narcisista de Freud en 1914,
como en lo que respecta a highlights patológicos
presentes en una o varias de las gradaciones que exhibe dicha
taxonomía (Lowen, 2000). Sí se presentará
al ser viendo en el otro su "imagen especular
en
la alucinación y en el ensueño de la imago del
cuerpo propio
en las apariciones del doble en que se
manifiestan realidades psíquicas" (Lacan, 1949).
Sin embargo, el empleo de facetas narcisistas, como la proyección
de la imagen de grandiosidad, la recurrencia continua a la
pasión, y la disociación, son aspectos reflejados
en los poemas reunidos aquí, y que exponen la relación
de cada voz ante su doble.
El espejo y el doble van de la mano, el último como
consecuencia de ser visto en el primero. El espejo, a su vez,
cuenta con otro símbolo que lo duplica: el agua. De
éste, nace el mito del Narciso enamorado de su imagen,
quien halla la muerte cuando sale en pos de sí mismo.
Por eso, cuando Sigmund Freud "hizo del narcisismo un
objeto de estudio, al principio, utilizó el término
para designar a aquellos individuos que obtenían satisfacción
erótica de la contemplación de su propio cuerpo"
(Lowen, 2000).
Con el tiempo, se ha esclarecido que el narcisismo es un trastorno
del desarrollo del ego, cuyo "problema central
es la negación de los sentimientos y la ausencia de
límites que [eso] implica", lo cual convierte
en su tragedia el factor de que "en lo más profundo
de su ser, ansían desesperadamente amar, pero no pueden
o no se atreven a expresar esos sentimientos" (Lowen,
2000). ¿Cómo se pueden identificar características
narcisistas en "10", "Ceremonial" y "Se
conocieron"? Veamos.
Manuel Ramos Otero, Miguel Náter e Isbáez convienen
en aludir hacia un otro/igual el reflejo incesantemente.
Ese mismo instrumento aparece en narrativas de la literatura
fantástica, como, por ejemplo, "Axolotl",
de Julio Cortázar, y "Nosotras", de María
Elena Llanas. El ser encuentra a "el otro" y se
encuentra a sí mismo en él. En los casos analizados,
se fusionan los supuestos opuestos corpóreamente.
Se
sale de la dimensión contemplativa del ser, según
Sartre (1976), por medio de la cual se torna al otro en objeto,
hacia una correspondencia en que el "José"
de "10" y el hablante lírico son las dos
alas del mismo pájaro cuyas alas a su vez
son Cuba y Puerto Rico:
de la Cuba que te trajo
hasta este exilio José
espejo del que te ha amado(.)
Por medio de dicha fundición, va penetrando el uno
en el otro hasta alcanzar la entidad nueva que resalta indescifrable
en el sudor. "José" se manifiesta diametralmente
opuesto en un proceso que acontece a la voz poética,
lo cual denuncia esa colisión o penetración
mutua:
Tus manos José tus dedos José
tus brazos José tus hombros
tus labios José tus besos José
tus ojos José tu pelo
[
]
y aquí está mi pelo plateado José
y mis besos y mis labios
y mis hombros y mis brazos
y mis dedos y mis manos
Recordemos que el espejo, como el narcisismo, emplea al doble
en la inversión. Invertir "invertir" mueve
a pensar cambios continuos de izquierda a derecha, de arriba
hacia abajo, y, eternamente, viceversa. La inversión
comprende desbordar toda la energía en la imagen del
otro como recipiente, pero, además, implica el cambio
de polaridad que se ejecuta al hacerlo: bueno en malo, beneficioso-nocivo...
"El narcisismo denota una inversión en la propia
imagen, que es opuesta al yo" (Lowen, 2000). De esto,
se desprende que el narcisista procura satisfacer al otro
para satisfacerse y, en ese satisfacerse, saber al otro satisfecho
con la satisfacción propia. Esta dinámica caracteriza
la sala de espejos en que se pretende llenar las expectativas
de una imagen que por ser una representación
jamás quedará satisfecha. La eterna búsqueda
de compleción, y la vacuidad continua son sellos distintivos
del narcisismo. En Ramos Otero, la búsqueda infructuosa
queda expuesta: "no consigue, a través del amor,
el encuentro consigo mismo, porque, en la imperfección
de la entrega, no se produce la fusión de las almas"
(de la Puebla, 1999).
Como en un espejo, la secuencia de la enumeración en
los elementos de José (manos, dedos, brazos, hombros,
labios, besos, ojos, pelo), después del verso "espejo
del que te ha amado", se invierte al enumerar las partes
constituyentes de la voz lírica (pelo, besos, labios,
hombros, brazos, dedos, manos). Sin embargo, existe una diferencia:
en la segunda enumeración, desaparecen los "ojos".
Esto puede comprenderse al considerar que el narcisista no
quiere ver la expresión de su propia cara cuando se
mira al espejo, ya que le nace el horror de confrontar el
verdadero papel de la imagen: "compensar un socavado
sentido del yo", creencia que, al contemplar la imagen,
se desvanece (Lowen, 2000). En fin, Ramos Otero se diafaniza
como el "ser que maquina las fantasías que se
sucederán desde una imagen fragmentada del cuerpo hasta
una forma
ortopédica de su totalidad" (Lacan,
1949).
Miguel
Náter penetra al acto en que uno y otro son diferentes,
mas son lo mismo en la ceremonia primigenia en que predominan
las alusiones al falo en palabras como: raíces, hueso,
patadas, buque y alondra. Por el efecto fisiológico,
los vasos quebrantados pueden referirse a los vasos sanguíneos;
a los procesos de dilatación y contracción para
conseguir la erección y la flaccidez del pene. Se trata
de un acto de inmolación sacramental: del sacrificio
en el sentido de hacer sagrado al otro, pero de consagración
del acto mismo que, después de todo, se impone sobre
los seres y sus procesos, sobre la pluralidad que fueron y
la desoladora despedida:
y en una puerta existe tu mirada,
y la derramada alondra:
ya no vengo de ti:
de ti regreso
En la mirada como vía del descubrimiento, ya no se
torna a el-ser-que-mira en sujeto; más bien, cuando
la mirada devuelta colisiona contra los ojos del otro, aquel
primer ser se descubre en su carácter de objeto, como
hombre hallándose ante sus fantasmas (Sartre, 1976,
Lacan, 1949). Ahí, develamos el terror hacia nosotros
mismos, hacia la posibilidad de reincidir, hacia la inexorabilidad
del tiempo abierto por los puntos suspensivos.
Compuesto por dos estrofas, "Ceremonial" abre las
puertas de un acto que conecta a la voz con lo divino por
medio de la entrega del chivo expiatorio para alcanzar el
favor de Dios. La referencia "piedras" se acerca
a sugerir la obsidiana o algún otro instrumento empleado
para inmolar al otro ser o el altar para ubicarlo,
pero la ingestión del hueso o la patada expresada anteriormente
esclarece mejor la lectura sexual. A esta perspectiva, puede
sumarse la alusión "caminos largos", que
bien puede referirse a hebras, hilos o rastros (de sangre
o del líquido seminal).
El
narcisismo que tanto se observa en Ramos Otero dentro de los
lindes del ser en busca de su igual, toma un giro diferente
en "Ceremonial". Ahora, el factor determinante es
el matiz del poder del narcisista. El detalle considerado
acerca de la omnipresencia del otro al mencionarse que la
voz le dice a quien habla: "Vengo de ti", también
deja abierta la consideración de la omnipresencia de
la voz, ya que está presente en donde se presencia
el omnipresente. La omnipresencia, además de la omnisciencia
y la omnipotencia, es un atributo característico del
ejercicio del poder en el narcisista (Lowen, 2000). Ahora
bien, la inversión que adquiere lo depositado en la
imagen, puede traducir el amor en odio, y "vengo",
adquiere también el matiz vengativo-autodestructivo
presente en el narcisista (Lowen, 2000). Aun así, la
parte "omni-" se resiste a ser compartida, ya que
la igualdad de poderes cancela el poder. Alguien debe ostentar
más para imponerse, lo cual sugiere pensar en la fragmentación
de las personalidades escindidas que viven la encrucijada
de no escapar a la otra parte. Fácilmente, se podría
estar hablando de la voz en "búsqueda de su propio
cuerpo del otro, o del impropio cuerpo propio" (Brioso
y Montero, 2004).
Isbáez expone diáfanamente la transubstanciación
de los seres involucrados que "Se conocieron del mar,
se conocieron". Esa repetición sugerente de un
reconocer que se encuentra igualmente en ambas direcciones,
como la ola y la otra ola se hallaron contrarias, fusionándose,
en algún punto del mar que se erige como eje de simetría.
El poema revela la unión física conciliadora
de polos idénticos con buena química, lo cual
es, científicamente, imposible: polos iguales se repelen.
La pluralidad relacionada con la pareja se presenta en:
Se conocieron
se conocieron.
Nuestros
cuerpos
respiraban
tus manos.
borbotones marinos
teñían
[
]
Se conocieron
se conocieron.
Nuestros
cuerpos
bailaban abrazados
Tu misterio
mi espalda,
mi milagro
tu pecho.
[
]
Se conocieron
se conocieron.
Nuestros
cuerpos
presentían
esperé tu milagro de amor
mi pecho.
Este poema es todo un parque de diversiones. El constante
elucubrar con la toma fotográfica de las relaciones,
desconcierta al lector si las considera de modo independiente.
Las formas verbales funden las individualidades en ciertas
ocasiones, mas otras veces, separan al "Tú"
y al "Yo" para resaltar detalles nuevos que ponen
la correspondencia en la cuerda floja.
La
primera estrofa está constituida por verbos y nombres
plurales, los cuales reflejan la pareja como elemento predominante
del mensaje de la voz poética. Sin embargo, en la segunda
estrofa, el lenguaje separa las posesiones de ambos sujetos,
y las alterna: "Tu
mi
/mi
tu
"
en la misma estrofa, encontrándolas opuestas: duplicándolas.
El único verbo en singular, "esperé",
aparece justamente antes de sugerirse, en los versos, el final
del acto por medio de la separación de los sujetos
que, hasta este preciso momento, viajaron unidos durante la
pieza:
esperé tu milagro de amor
sobre mi pecho.
La conclusión del poema puede matizar la ruptura de
la relación cuerpo/reflejo de los hombres en el poema,
como espejo que desnuda los encuentros. Aún así,
al no poder constatarse si la espera rindió frutos
favorables, el final si el milagro de amor sobre el
pecho del hablante lírico se materializó
quedó tan "abierto y cerrado" como la salvedad
que Náter presenta en la contraportada de su libro.
La línea narcisista dominante, claramente perceptible
en el poema, es la disociación. Las voces en los poemas
de Manuel Ramos Otero y Miguel Náter, partieron de
un yo identificable, lo cual Isbáez evade a toda costa
con sus olas. Como bien se expuso, el uso de los espejismos,
el doble, y la omnisciencia son característicos del
narcisismo. El agua como símbolo análogo del
espejo es el único escenario al que se transfiere,
por medio de imágenes, la entrega en el poema. Lowen
(2000) expone que "la distancia o el espacio son importantes
para que se encuentren las miradas", pero se expresó
también la renuencia narcisista a confrontar la imagen.
Ésta es el motivo por el cual los cuerpos que "se
conocieron" recurren a abrazarse y darse la espalda:
"Los narcisistas buscan el abrazo
lo hacen porque
es menos amenazante que ver o ser visto. Sin embargo, esconder
el yo es negarlo y en última instancia, perderlo"
(Lowen, 2000).
Al asumir la postura de omnisciencia, la voz se separa de
lo que hacen aquellos a quienes contempla. Evade el sentimiento
de culpa por la conducta "indebida", y se disocia
con mayor ahínco, ya que, tras haberse escindido en
la ola y su doble (en la búsqueda de una simbiosis
natimuerta), fragmentó la personalidad en una tercera
parte, hacia el nivel intocable de la elevación mayor
o la más insondable profundidad. Esto pronuncia más
la intensidad de la aseveración de Lowen (2000), cuando
indica que "los narcisistas
tienen miedo a la intimidad,
porque ésta requiere dejar al yo al descubierto".
Una posibilidad reflejada por la evasión a hallarse
en el otro, que refleja la voz lírica disociada en
el poema de Isbáez, es la reticencia a identificarse
con su imagen, pues ésta "representa aspectos
rechazados de su propio yo
aspectos aceptables o inaceptables,
y los últimos los proyecta sobre las otras personas",
en este caso, la imagen (Lowen, 2000).
Lectura de rasgos comunes
El uso de la escritura como imagen es el signo primero de
la poesía. En un sentido más profundo, el trazo
mismo figura como signo provocador de la imagen, el factor
que se impone para alcanzar la finalidad que caracteriza los
múltiples valores que se exhiben. Manuel Ramos Otero,
Miguel Náter e Isbáez, aunque presentan rasgos
muy particulares, recurren a varios símbolos con igual
valor en los textos examinados. Por ejemplo, Ramos Otero e
Isbáez aluden al cuerpo directamente:
todo tu cuerpo en mis manos
todo sudado José poema y cuerpo sudados
(Manuel
Ramos Otero)
Nuestros nunca cuerpos
[
]
Nuestros nunca cuerpos
[
]
Nuestros siempre cuerpos
(Isbáez)
Gichtel, citado por Cirlot (1997) establece que aludir al
cuerpo comprende "un apetito insaciable, de enfermedad
y muerte". Por otra parte, Sartre (1976) expone que,
en un acto de autonegación, el ser humano se reconoce
objeto para el otro, y que "la aparición del cuerpo
ajeno
es, pues,
un mero episodio de [las] relaciones
con el prójimo". Según el tono que prevalece
en los poemas estudiados, vale apuntar que "en una palabra,
para utilizar una expresión impropia pero corriente,
conozco al prójimo por los sentidos" (Sartre,
1976). La emoción, el autodescubrimiento producto del
reconocimiento del otro como igual, como espejo, como el yo-para-mí,
yo-para-el-otro
y el otro en mí para mí
si puede así decirse, hacen de las voces
líricas de los poemas citados, instrumentos poderosos
que cantan la fusión de esencias. Al final, se desconoce
quién se impone en el canto: ¿La voz inicial,
la voz del otro que se canta en la voz primera, o la emergencia
de una nueva voz surgente de la adhesión de seres desaparecidos
en el espectáculo del embrujador canto de la lírica
ante quien lee?
Isbáez y Náter, por su parte, aluden al agua
y a la onda en la ola:
del mar
borbotones marinos
[
]
del mar
[
]
del mar
cada ola
el murmullo del mar
(Isbáez)
un temblor del agua
(Miguel
Náter)
Desde lo más primigenio hasta el sentido último
de la vida en la muerte que presume una próxima existencia
(una vida nueva), el empleo del símbolo alude al elemento
que, en sus diversos estadios, circula a través de
los demás seres animados e inanimados, en una variedad
de consistencias:
Las aguas son el principio y el fin de todas las cosas
de la Tierra [
] Las aguas simbolizan la unión
universal de las virtualidades
que se hallan en la
precedencia de toda forma o creación. La inmersión
en las aguas significa el retorno a lo preformal, con su
doble sentido de muerte y disolución, pero también
de renacimiento y nueva circulación, pues la inmersión
multiplica el potencial de la vida (Cirlot, 1997).
Cada
una de las voces poéticas sea que lleguen a él,
se junten o se separen, sugieren un nacimiento y una
muerte en el amado. Éstos deben darse en su carácter
ritual conforme al sexo, en su aspecto etéreo propio
de la unión plena, y en la separación eventual
de las almas en el significado más elevado del misterio
que involucra, funde, "amor" y "sexo".
Además, se presentan ciertas variaciones de carácter
religioso, mítico o ritual:
hechizo
dionisiaca
[
]
misterio
milagro
[
]
esperanza
milagro
(Isbáez)
Ceremonial
(título)
cielo
[
]
sed de vasos
música ancestral
(Miguel
Náter)
Al concentrarse en el carácter ritual de los encuentros
y, ¿por qué no decirlo?, de la ceremonia, apunta
Cirlot (1997), se descubre que "la lentitud de los movimientos
rituales en las ceremonias tiene íntimo parentesco
con el ritmo de los movimientos astrales". O sea, cuerpos
celestes o cuerpos terrestres, la importancia del cuerpo es
el esfuerzo por procurar la reproducción del cielo
en la tierra, quizás como estrategia para equilibrar
la nimiedad humana con la deificación de los seres
resumidos en la fundición de entes por las fuerzas
graves (no, "gravitacionales") del deseo.
Náter y Ramos Otero aluden a la figura del barco en
su emergencia o movimiento, el vaso y a al ave, como símbolos
alusivos a la fisiología del órgano sexual masculino
y la penetración:
como un buque desde el fondo terrestre
una sed de vasos quebrantados:
la derramada alondra:
(Miguel
Náter)
para mi único vaso
de carne cristal
como un bolero José de barcos que al puerto llegaron
huevo de hierro forrado
que no se atreve a nacer
por miedo a ser desplumado
(Manuel
Ramos Otero)
En su Diccionario de símbolos, Juan Eduardo
Cirlot (1997) relaciona los buques o barcos con los deseos
de nacimiento y la procedencia del seno materno, lo cual no
sólo se deslinda de la alusión sexual que se
establece en este ensayo, sino que, más bien, se invierte.
En vez de hablar una salida, expresa la entrada. De igual
modo, asocia las aves con las almas humanas y "en general,
aves y pájaros, como los ángeles, son símbolos
del pensamiento, de la imaginación y de la rapidez
de las relaciones con el espíritu". Esta otra
conexión, quebranta la concordancia que pretende subrayar
el trabajo.
Sin embargo, al comprender que se trata de poetas puertorriqueños,
puede darse un acercamiento a la cultura popular y literaria
boricua para sustentar la interpretación provista inicialmente.
La expresión popular puertorriqueña reconoce
al pene como "el pájaro", entre otras voces.
Además, como nota procedente de la literatura española,
en el capítulo XXXV de El conde Lucanor,
(Don Juan Manuel, 1993), cuando el hombre joven mata un caballo,
la esposa habladora y de mal carácter aprende el sometimiento.
Más adelante, en un intento del padre de dicha joven
por imponerse ante su esposa, recurre al mismo método
del joven recién casado y mata un gallo, pero su esposa
le dice que es muy tarde ya. La analogía del caballo
y el gallo con la virilidad masculina no es una representación
nueva. Es un tropo que asocia la potencia de la juventud o
la supuesta inactividad de la senectud con el poder o la impotencia
del pene, desde las novelas de caballería (Don
Quijote, como burla), uno de los nombres utilizados
en inglés para el pene (cock), y otras referencias
a la fertilidad como, por ejemplo, Priapos (Cervantes, 1999;
Hyperdictionary, 2003; Aturquía, 2004).
La imagen del barco o el buque se percibe hermosamente en
la pieza magistral "Barcos" del libro Crónica
del vértigo, cuyo autor fue el fenecido poeta
puertorriqueño, Edwin Reyes (1977), de la cual cito
un fragmento:
los barcos me dan la vida.
por esa negrura abierta
al viento, a la sombra yerta
de una muralla dormida.
Ese detalle del barco buscando puerto, de la apertura que
hace al agua para hacerse espacio y penetrar en ella, o en
tierra, o ese ceder voluntarioso del agua ante la búsqueda
del barco, son ejemplos del aspecto masculino al cual se refieren
los poetas en esta composición.
Otro detalle relevante y común en las selecciones discutidas
es la circunscripción del ser a impregnar la obra de
autobiografía. Como paréntesis metacognitivo,
puede resaltarse el desempeño del escritor del ensayo
como el ser que, con el nacimiento de la mera intención
de un tema de escritura, no puede escapar a tal realidad,
ya que "la crítica es la forma moderna de la autobiografía.
Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas
El crítico es aquel que encuentra su vida en el interior
de los textos que lee" (Piglia, 1999). Dicho columnista
expone, además, que "la crítica que escribe
el escritor es el espejo de su obra", con lo cual esta
crítica fue escrita y leída desde el salón
de los espejos en que sólo se miraba a las voces líricas.
Esto, además, revela al autor en su disociación
narcisista, evaluando y señalando, quizás, aquellos
aspectos que aprueba o reniega de su propia persona.
El encasillado autobiográfico se bifurca en (1) la
asunción de una pose desde la profundidad del inconsciente
o desde la incorporación al centro de aspectos socialmente
marginales de cada autor, y (2) de la confesión inevitable
que conlleva la escritura como acto de denuncia. La poesía
emerge como acto de sublimación, y la confesión
se autoriza como acto de liberación. Estas dos vertientes
componen el halo de poseur común a las lecturas
homoeróticas realizadas a las piezas líricas.
Cada una de ellas es un logro del autor para presentar, con
palabras de todos los días, su realidad de todos los
días: la represión que les procura el Estado.
La pugna del poder y el control lingüístico que
pretende conseguir el estado (y que reclaman los escritores)
radica en éste "busca neutralizar [el lenguaje],
despolitizarlo y borrar los signos en cualquier discurso crítico
dice que quien no dice lo que todos dicen es incomprensible
y está fuera de época" (Piglia, 1999).
Sin embargo, según expresado por este mismo autor,
"lo que la literatura hace
es descontextualizar,
borrar la presencia persistente del presente ciego y construir
otro tiempo y otra realidad".
Una realidad atemporal como la que aquí se presenta,
en que lo dicho trasciende hacia lo universal, pero dicta
el reclamo del reconocimiento de la autenticidad particular
ante un estado que mantiene su discurso de rechazo, puede
traducirse como una estrategia de la resistencia como pose
(Brioso & Montero, 2004).
Los
autores se valen del recurso de la confesión porque
ésta "se convirtió
en una de las
técnicas más altamente valoradas para producir
lo verdadero" (Foucault, 2002). Además, por medio
de ella, la sociedad desarrolló un mecanismo de control
con su necesidad de descubrir, de develar y revelar (Brioso
& Montero, 2004). Hay que considerar que el propósito
real de la confesión en poner riendas a las pasiones,
los pensamientos y demás componentes del mundo inescrutable
que halla moción en el fuero interno del ser humano.
Ante esa realidad, confesar lo indeseado se trastoca en vergüenza.
Sin embargo, acceder al ansia de confesar la existencia y
la aceptación natural de aspectos transgresores a terrenos
tan custodiados socialmente, como la moral, el acto de la
confesión se torna en denuncia
de la existencia
del rasgo "repulsivo", de aceptación del
mismo, del vencimiento de la lucha contra el silencio. En
esta relación, se construye el recuadro autobiográfico.
Conclusión
La poesía como arte subversivo eficaz no es una tesis
que los literatos se vean obligados a poner en tela de juicio.
Las palabras, los efectos y las finalidades poéticas
están comprobados, y plantean una alternativa real
como recursos del hablante lírico en su complot lingüístico
para dotar una pieza poética de juegos de rompecabezas
y tiovivos provocadores de alucinaciones en los lectores.
La
lectura poética enfocada hacia los estudios homoeróticos
provee alternativas estilísticas relevantes, tanto
en los niveles de tratamiento particular hacia un autor, como
en las reveladoras comparaciones de estructura y contenido,
las cuales en ocasiones desentrañan códigos
secretos existentes en el sarcófago de dicha subcultura.
El encubrimiento de los mensajes, la clandestinidad de la
palabra convencional para el mensaje oculto, las redes de
relaciones, las similitudes y los contrastes, requieren también
en ocasiones acercamientos internos desde la subjetividad,
que puedan exponer al lector con sus circunstancias, ante
el escritor y los sucesos acontecidos, como el ser frente
a sí mismo interpretado por otros ojos procedentes
de escenarios variados de "la misma realidad".
Manuel Ramos Otero, Miguel Náter e Iván Segarra
Báez con sus poemas "10", "Ceremonial"
y "Se conocieron", respectivamente, presentan recursos
novedosos y antiguos, en estratos de diferencia, complejidad
y exigencia cultural al lector. La sucesión temporal
entre uno y otro poema, aunque no muy marcada, obliga a dirigir
una lectura histórica de intentos o atrevimientos de
los autores para denunciar su llegada a ocupar el espacio
literario que, legítimamente, en el mundo del prestigio
y de las letras, también a ellos les pertenece.
En las selecciones presentadas, además de un estudio
estimulante para desentrañar la forma y el contenido,
puede evidenciarse la coexistencia marcada de varias posibilidades
de asedio: el espejo, el doble, el narcisismo, la pose, la
autobiografía y la confesión. Tales tratamientos
se interrelacionan en ocasiones; otras veces, en prédica
de autonomía, necesitan aislarse para facilitar la
exploración con mayor profundidad. Un denominador común
resaltado en el estudio, es la diversidad (aunque parezca
dísono) en la creación, en el intento del escritor
por expresar su voz de denuncia en la voz que denuncia en
la disociación: la voz poética como fragmentación
de la voz del autor.
La aceptación de las propuestas presentadas por cada
uno de ellos (y la que se deriva de este ensayo), constituirá
otro ejercicio de poder por parte de la academia. Esto elevará
a "on the ground" la denuncia que, históricamente,
se distinguió como "underground". Convertirá
a estos escritores en partes del canon literario (de los estamentos
de poder, de la pequeña, pero densa, masa de la academia),
a menos que ellos se adjudiquen otras batallas, y promoverá
la búsqueda de nuevas luchas en manos de "los
invisibles" en su esfuerzo constante por hallar causas
para pelear, para probarse en todo su esplendor como transformadores
del mundo. Así como hemos tenido el derecho, ¡bienvenidos
los otros!
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