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El ofrecimiento de tres lecturas
en "10"
Como preámbulo a la selección de Manuel Ramos
Otero, vale considerar ciertas nociones generales acerca de
su labor como poeta y sobre su libro Invitación
al polvo.
José Luis Vega (2000), en un artículo para la
sección "Agulha" de la revista cibernética
Jornal de Poesía, comenta la arbitrariedad que
representa referirse a la poesía de Ramos Otero:
se
trata de um autor que questionou profundamente a noçaõ
tradicional de gênero literário. Sua poesia
transborda o leito do vero e irrompe, como maior ou menor
fortuna, no território de uma prosa narrativa invadida
também pelas formas da escritura ensaística.
Vega
(2000) añade que la poesía de dicho escritor
puede clasificarse "como um discurso lírico-dramático
de amor, morte e solidão". Expone que, como
expresión ideológica, la obra poética
de Ramos Otero muestra la reivindicación vigorosa de
la voz personal, y la comunicación dolida y melodramática
de una pena de amor en la precariedad de la experiencia amorosa
y el abandono del amante, circunscritos estos aspectos
al marco de la homosexualidad (Vega, 2000).
Otro acercamiento a la poesía de Ramos Otero parte
de una noción más intimista, enjuiciando la
obra por el autor:
La poesía de Manuel Ramos Otero
tiene capacidad
para sacudir a los lectores por la carga inusitada de sinceridad;
por la crudeza de los conceptos y del vocabulario [
]
responde a una voluntad expresa de crear inquietudes
y a la necesidad psicológica, exagerada, de manifestarse
(de la Puebla, 1999).
Dicha
opinión fue reproducida por ese mismo autor, casi fielmente,
en la entrevista que Floriano Martins (1998) le hiciera para
la sección "Banda Hispanista" de la revista
cibernética Jornal de Poesía.
En relación con la primera parte de Invitación
al polvo, en que se halla la pieza que se estudiará
en este comentario, dice José Luis Vega (2000):
Integram-na vinte e nove poemas que contam e cantam uma
história de amor [
] é a história
do amor entre o emissor do texto, um poeta porto-riquenho,
e o receptor da mensagem poética, um pintor (de paredes)
cubano, chamado José. Trata-se do clássico
esquema comunicativo da poesía amorosa onde um emissor
apaixonado celebra a plenitude da experiência erótica
passada, reflete sobre a cruel naturaleza do amor e recrimina
ao receptor seu abandono. Este esquema clássico,
no entanto, subverte-se pela condição homossexual
dos protagonistas.
Para
resaltar la importancia que representa la escritura de Ramos
Otero en las letras puertorriqueñas, conviene reproducir
lo que Suzanne S. Hintz (1995) escribió en su ensayo
Zona Carga y Descarga: Nascent Postmodernism in Puerto
Rican Letters. En una mención fugaz que hace de
Manuel Ramos Otero en su inserción dentro de la autenticidad
de la Generación del Setenta, destaca la recurrencia
de éste a la ironía y algunos tropos retóricos
en su discurso. Sin embargo, según la autora, lo más
importante que aportó el movimiento de Zona de Carga
y Descarga sello distintivo del gremio del cual él
formó parte, fue "el movimiento de los márgenes
hacia el centro":
It promoted the feminist movement in Puerto Rico, the
publication of Neorican writers in a journal published on
the island, and an arena for homosexuality in literature.
These were avant garde themes in the Puerto Rico of the
mid-1970s (Hintz, 1995).
La
literatura, trabajada como detonador para propiciar el reclamo
del respeto hacia la legitimidad a la particularidad, es una
muestra de exposición, adoptando y adaptando el término
"poseur" que reproducen Brioso y Montero (2004)
en su conversación cibernética Apuntes para
una crítica "invertida". Al exhibir escuetamente
su sexualidad "vedada", Ramos Otero ejerce un acto
de empoderamiento por medio del cual "salir del clóset"
se torna en (1) confesión que lo identifica como marginal
al separarse de los cánones normativos, (2) apropiación
orgullosa del supuesto elemento punitivo, y (3) en desestimación
de la opresión dictada por la hegemonía. De
ese modo, el escritor ubica, bajo la luz central, el aspecto
segregado, como acto estratégico de resistencia (Brioso
y Montero, 2004).
Manuel Ramos Otero es uno de ésos en quienes se advierte
"el deseo de desvirtuar la tradición de la injuria
homofóbica" (Brioso y Montero, 2004), tanto por
el "quehacer abierto y explosivo [en el tratamiento de]
temas, por el lenguaje, por la actitud hirviente del espíritu",
como por "el tema del amor homosexual y, también,
a los modos de sentirlo y expresarlo" (de la Puebla,
1999).
El poema "10" de Ramos Otero, es una estrofa que
consta de veinticuatro versos, compuesta por dos oraciones
declarativas separadas por una pregunta sin respuesta. Descartando
el uso de las tildes, sus únicos signos de puntuación
son los puntos finales de las oraciones declarativas, y los
signos de interrogación. Debido a esto, invita al lector
a tentarlo de tres modos diferentes sugeridos por el sintagma
"José" utilizado como vocativo y que, muchas
veces, dicta dos hemistiquios de tres sílabas: uno,
antecesor del vocativo, y el otro, sucesor de dicho sintagma.
El primer tipo de lectura enmarca con el nombre el final de
la petición, lo cual, en ocasiones, dejará sin
el vocativo a un objeto solicitado. Sin embargo, dada la continuidad
el patrón objeto/sujeto en la exigencia, cuando "José"
desaparece, la memoria del lector lo incorpora al sintagma
nominal siguiente, consumándose así la transición
del amado desde la voz lírica hasta la memoria lectora.
El lector se hace partícipe del juego en que un Josépelota
rebota continuamente entre el libro y la mente, con un tono
suplicante cautivador. Esto puede demostrarse en el siguiente
fragmento:
Tus manos (,) José (.) tus dedos (,) José
(.)
tus brazos (,) José (.) tus hombros (.)
tus labios (,) José (.) tus besos (,) José
(.)
tus ojos (,) José (.) tu pelo (.)
todo en mis manos (,) José (.)
todo tu cuerpo en mis manos (.)
Al ser la primera en "aparecer", ésta podría
identificarse como la lectura literal obligada al poema.
Sin embargo, la recomendación de la triple lectura,
conduce al lector hacia una transformación de "José",
sujeto que se transporta hacia objeto luego de haber sido
reunido, pieza a pieza (manos, dedos, brazos
), por la
voz lírica, que lo recogió con minucia desde
las partes hasta el todo. Como un rompecabezas, una vez ensamblado,
"José" se torna posesión del hablante,
quien pasa, entonces, a identificarse por medio de la unión
de fragmentos propios. Dentro de este cambio léxicosemántico,
el personaje/nombre se cosifica, transmutándose, además,
de objeto a objeto, de abstracto a concreto, de anverso a
reverso
El José poseído queda expuesto
en:
para mi único vaso
de carne cristal (,) José (.) de papel y de palabras
como un bolero (,) José (.) de barcos que al puerto
llegaron
[
]
Virgo de barro (,) José (.) huevo de hierro forrado
que no se atreve a nacer (,) José (,)
por miedo a ser desplumado
José puede estar destinado "para mi único
vaso de carne cristal". José puede estar constituido
"de papel y de palabras, como un bolero". Además,
su complexión puede ser "de barcos que al puerto
llegaron". José es "virgo de barro",
un "huevo de hierro forrado que no se atreve a nacer
por miedo a ser desplumado".
La relación entre "José" y el hablante
lírico queda explícita en los siguientes versos:
como borracho olvidado
de la Cuba que te trajo
hasta este exilio (,) (.) José (.) (,)
espejo del que te ha amado
La escritura de la coma y el punto y el punto y la coma respectivamente,
es vital para guiar la lectura que relacione a la voz lírica
y a "José". "Como borracho olvidado
de la Cuba que te trajo hasta este exilio, José"
presenta la realidad de José como exiliado cubano.
Sin embargo, la construcción "José, espejo
del que te ha amado" implica otra realidad: la del amor
del hombre al hombre, al que es igual, al reflejo, a la dualidad
del espejo hecho "de carne cristal". Aquí,
se desnuda la posibilidad dilucidada al final del poema, cuando
puede realizarse la siguiente anotación:
todo sudado (:) José (,) poema y cuerpo sudados.
Este verso apunta al acto poético creativo como homo-auto-erótico:
el hablante, en su alucinación con el otro, transforma
el deseo en literatura y, al final del acto masturbatorio,
José, el poema y el cuerpo del hablante yacen sudados,
aunque en otra lectura el José, cuyo cuerpo
es un poema, podría estarlo solamente. Aún así,
quedaría evidenciado el autoerotismo.
Una segunda lectura mueve el sintagma de vocativo hacia el
inicio de cada sentencia, otorgándole un carácter
protagónico que se distancia del anterior por acentuar
un matiz imperativo ante la petición; no, suplicante,
como el primero. Antes, el reconocimiento acerca de lo pedido
adquiría prioridad; era la imperiosa necesidad de "un
algo". Ahora, el nombre del ser contenedor de todos "los
algos" necesarios rige la petición. Actúa
como figura salvadora que redime a la voz lírica de
su dolorosa carencia. "José" figura y se
repite como las cuentas de un rosario cuya utilización
dirige un rezo sin fin del alma en pena rogando su pan (todo)
del día. Por tanto, reproduciendo el primer fragmento,
la lectura obligada cambiaría:
Tus manos (.) José (,) tus dedos (.) José
(,)
tus brazos (.) José (,) tus hombros (.)
tus labios (.) José (,) tus besos (.) José
(,)
tus ojos (.) José (,) tu pelo (.)
todo en mis manos (.) José (,)
todo tu cuerpo en mis manos (.)
[
]
para
mi único vaso
de carne cristal (.) José (,) de papel y de palabras
como un bolero (.) José (,) de barcos que al puerto
llegaron
[
]
Virgo de barro (.) José (,) huevo de hierro forrado
que no se atreve a nacer (.) José(.)
[
]
como borracho olvidado
de la Cuba que te trajo
hasta este exilio (.) José (,)
espejo del que te ha amado
[
]
todo sudado (.) José (,) poema y cuerpo sudados.
Bajo esta variante, "José" se convierte en
sirviente que debe ofrecer lo que se le pide ("José,
tus dedos. José, tus hombros.") y, parte a parte,
debe entregarse al amo demandante con actitud servil. Este
tono ubica el poema en el mismo nivel literario que el cuento
del Amo y el Esclavo publicado por el mismo autor en el libro
Cuentos de buena tinta, obra que tanto tambaleó
la libertad de cátedra en el Recinto de Río
Piedras de la Universidad de Puerto Rico hace varios años.
El tercer abordaje al poema, pensando en la acepción
que implica tri-pular ya que se identifican tres asedios
al mismo, admite sustraer a "José"
del contenido para interpretar su relevancia en cuanto a la
calidad lírica del texto. "José" está
en todo: aparecen las partes de "José" y
el nombre, la identidad como un ungüento que ciñe
el cuerpo de "José" al cuerpo del poema,
definiendo, con una anatomía, la otra. Restar a "José"
de la pieza, vuelca el contenido hacia un "Tú"
parecido al que embellece la "sombra aérea"
de Bécquer, pero el "Tú" presentado
ensombrece, miserablemente, la belleza de "10",
aunque le impregna universalidad. Contradictoriamente, el
carácter general del poema, desmerece sin "José".
Tus manos
tus dedos
tus brazos
tus hombros
tus labios
tus besos
tus ojos
tu pelo
todo en mis manos
todo tu cuerpo en mis manos
[
]
para mi único vaso
de carne cristal
de papel y de palabras
como un bolero
de barcos que al puerto llegaron
[
]
Virgo de barro
huevo de hierro forrado
que no se atreve a nacer
[
]
como borracho olvidado
de la Cuba que te trajo
hasta este exilio
espejo del que te ha amado
[
]
todo sudado
poema y cuerpo sudados.
Definitivamente, si "José" ostentaba, en
la vida de Manuel Ramos Otero, el mismo papel transformador
que en este poema, era merecedor del "10" que le
representa en Invitación al polvo.
"Venir", "comer" y "parar":
colisión semántica en "Ceremonial"
Un comentario formal, institucionalizado, fuera del prólogo,
es muy difícil de apuntar en torno al libro Ceremonial,
de Miguel Náter (1993). Sólo encontramos las
impresiones de Rubén Ríos en un prólogo
que bien puede desfavorecer la obra ante el lector que se
resiste nada o poco a la sugestión.
Los señalamientos:
- "No
es de extrañar que el primer impulso expresivo de
un poeta joven se dedique a explorar esa zona escandalosa
del amor",
- "A
pesar de uno que otro fracaso afortunado
",
- "los
poemas ensayan una dicción opaca, a veces francamente
hermética
",
- "A
veces extrañamos un contacto más epidérmico,
sobre todo cuando la elipsis amenaza con estrangular la
transparencia de algunas imágenes, cuando la máscara
amenaza con escamotear la transparencia
",
- "
celebrar
la presencia de la poesía más allá
de los programas del poeta y ser testigo de su nacimiento
en los atisbos, las esquinas y los momentos insospechados
y sorprendidos de éste y de éste y de éste
otro verso",
- "
la
promesa de un poeta
",
- "
nace
poeta
",
- "
un
poeta nato
",
algunos
de ellos, compuestos, dejan mucho que desear en cuanto al
(¿des?)favor de la obra antes de confrontarla. El prólogo
cumple en ubicación como muestra de un
conocimiento que se manifiesta antecesor al trabajo de Náter.
Sin embargo, exhibe una intrincada ambigüedad en que
se destacan quizás, demasiado la juventud,
el impulso, el nacimiento reciente
aspectos sugerentes
de una urgencia, una impetuosidad, una inexperiencia que repercuten
en "adolescencias" procedentes de un poeta novel,
lo cual no es, precisamente, cónsone a la apreciación
del comentarista en este ensayo.
Ejemplo de la calidad poética de Náter (1993)
en Ceremonial, puede ser el juego del yo-yo
o de espiral-afuera/espiral-adentro que se genera en
"América":
Ya te has hecho mujer
de
tanto repetirte,
de tanto recobrarte en otras bocas,
de tanto desgastarte en ellas,
de tanto ser
y hacer
que los otros se hagan
en los cántaros rotos.
(América
se buscará hacia adentro,
como tú
y como yo,
de tanto serse,
de tanto contemplarse
La forma, el contenido y el tono del poema, crean la impresión
de un movimiento constante oscilatorio in crescendo
en lo que se proyecta hacia los confines externos de los protagonistas.
Aún así, puede estimarse más adelante
en el mismo poema, esa misma magnitud de desarrollo interior
en versos como: "Ya te has hecho mujer,/me has hecho
hombre,/de tanto repetirnos como verbos nocturnos".
La sonoridad y las imágenes bien logradas que se alcanzan
en Ceremonial (Náter, 1993), se pasean
también en los poemas "Las caricias", "Las
caricias I" y "Las caricias II", que forman
una especie de tríptico en que el ruido de la multiplicidad,
los referentes estereotípicamente masculinos, y la
levitación entre ellos de figuras infantiles, cautivan
con facilidad al lector. Algunos de estos señalamientos
se exhiben en los siguientes fragmentos:
Tú has dejado en su brazos
dolor de carne ausente
de las gotas al beso
una puerta en penumbra iluminada.
[
]
Sentimos que las sombras
nos laceran la piel como los remos.
[
]
ves huir a las sombras como niños quemados
vientre abajo, desnudos, jugando con el agua,
con la sal abortiva.
("Las
caricias")
sólo la mueca lenta de los cuerpos
que se enredan en ti como promesas,
y el corazón de un niño que se agita (perseguida
paloma)
perdiéndose en otoño
con dos hojas caídas de secas mariposas
que maduras olían a la distancia.
("Las
caricias I")
Hubo una vez
(y dos son diez)
un pájaro de oro
según escrito y recortado
por las manos de un niño
levantándose fuego,
haciéndose en un fuego acariciado.
[
]
(Las cabañas gastadas
las eras en que acaban de mirar los trigos:
estancia en que se miran las palabras
como esos dos amantes
que esperamos,
estancia en que la lira se desborda
con sus palabras (cuerdas) de adorarte
("Las
caricias II")
Como
reacción ante la semilla de duda que Rubén Ríos
Ávila planta en relación con la creación
poética de Náter en su primer poemario, se puede
exponer también la idea de que el prólogo no
cumple con la función de resaltar la obra como elemento
de valor, como contribución significativa del autor.
Cabe establecer otra sugerencia: nuevas manifestaciones estéticas,
aunque no claman por nuevos críticos, reclaman nuevos
asedios.
En cuanto al foco de la discusión, la pieza que da
título al libro, "Ceremonial", se divide
en dos estrofas compuestas de una oración, cada una
interrumpida, al final, con puntos suspensivos. Ante "10",
en que sólo aparecía el punto final, este otro
poema exhibe diversos marcadores fonológicos. En orden
de aparición, están: el punto y coma, la coma,
los paréntesis, los puntos suspensivos y los dos puntos.
Por cierto, este poema no muestra el uso del punto final.
La recurrencia a tales herramientas para construir el discurso
proporciona ambivalencia en los cambios semánticos
del curso también plurivalente que lleva cada declaración,
gracias a dos verbos muy cargados de definición ("vengo"
y "como"), seguidos por la finalidad abierta valga
la contradicción aportada por la preposición
"para". Esto se ejemplifica en la primera estrofa:
Vengo de ti
como un temblor de agua;
o como un despertar de oscuridades;
como piedras,
como raíces muertas que de pronto renaces
para buscar el cielo (de reír o nacer);
para esperar el hueso o la patada
"Vengo" bien puede aceptarse como "llego".
Sin embargo, identificar al destinatario como un "tú",
acentúa desde el principio una omnipresencia
que endiosa al ser ajeno y encierra a la voz lírica
a la esclavitud con respecto del otro. No importa hacia donde
se mueva, oscilará en torno a un mismo centro: ese
"tú". Por eso, aunque se implica el lenguaje
connotativo posible, otras dimensiones del término
"vengo" señalan la exploración de
acepciones relacionadas con la venganza o con el acto eyaculatorio
vengo/vengar; vengo/venir(se). Aún de este modo,
la primera consideración (vengo/llego) puede permanecer,
ya que se refleja como indicadora del vicio, el sexo reincidente
en el sexo. Esto avala, además, "venir" en
"venirse".
"Como"
predica una doble significación: "ingerir"
como el acto de comer, y el uso que distingue la partícula
comparativa. Un ejemplo aplicado al poema es:
Vengo de ti
como un temblor de agua (viene de ti);
o como un despertar de oscuridades (viene de ti);
como piedras (vienen de ti),
como raíces muertas que de pronto renaces (vienen
de ti)
Además, el choque de semantemas que se dan en el "como",
aporta nuevos valores a lo anteriormente expresado:
Vengo de ti
como (ingiero) un temblor de agua;
o como (ingiero) un despertar de oscuridades;
como (ingiero) piedras,
como (ingiero) raíces muertas que de pronto renaces
Ese "temblor de agua" (el cuerpo extático
sudado), el "despertar de oscuridades" (la apertura
de lugares u órganos oscuros la boca en el beso,
el ano), las "piedras" (válida referencia
al término en inglés "the rocks" para
nombrar los testículos), las "raíces"
(símbolos fálicos asociados a la penetración),
se revuelcan en un juego dual de procedencia/esencia. Bien
pueden pertenecerle al ser amado o derivarse de él.
Los marcadores fonológicos cumplen, más allá
de lo eficiente, como emisarios de un sentido doble, como
mínimo. Contribuyen a detectar instrucciones para saltar
de una connotación a otra en el lenguaje denotativo.
El
empleo del "como" con la función de partícula
comparativa se manifiesta mejor en la segunda estrofa, aunque
sigue existiendo la ambigüedad mencionada anteriormente,
en algunos versos. Sin embargo, el tono característico
de la inmolación como acto de sacrificio se mueve libremente
entre las frases "una sed de vasos quebrantados",
"música ancestral", "de musgo ensueños"
y "la derramada alondra", implorando evocaciones
concernientes al acto de la consumición de sangre (que
aún conserva el catolicismo al emplear el vino como
"sangre de Cristo"), los aspectos musicales de culturas
antiguas, la adhesión parasitaria al otro
cuando se invierte "ensueños de musgo", y
el ave entregada para la expiación del pecado.
Se salta del "como" comparativo al "como"
propio de la ingestión, intermitentemente, lo cual
torna la página en una pista de patinaje en que el
lector culmina la interpretación a base de peripecias.
Esta misma característica se subraya con el uso de
la preposición "para".
¿"Para"
de finalidad o "para" de "parar" (erigir)?
Náter escribe:
para buscar el cielo (de reír o nacer);
para esperar el hueso o la patada
En estos últimos dos versos, encabezados por "como
raíces muertas que de pronto renaces", puede aparentarse
la actividad de "un algo" que "para (a) buscar
"
o "para (a) esperar
", pero, con el punto y
coma entre ellos, emerge la relación independiente
de ambas finalidades en cuanto al verso que les precede:
como raíces muertas que de pronto renaces
para buscar el cielo (de reír o nacer);
y
como raíces muertas que de pronto renaces
[
]
para esperar el hueso o la patada
Tales raíces pueden identificarse como el plural que
pretenden ser o el señalamiento particular existente
en dos seres, singular que se presume en los terrenos de la
sinécdoque (el plural por el singular). Como plural,
bien pueden ser los dedos de uno u otro ser, mas bien pueden
considerarse como los procesos particulares de dos penes hacia
la erección. Se revela al "tú" como
agente provocador de ese renacimiento, pero no se identifica
dónde, quién o cómo se hacen renacer
las raíces.
El uso de los paréntesis otorga carácter relativo
al cielo y el nacimiento aludidos, también dobles.
Pueden hablarse de las muertas raíces renaciendo y
buscando el cielo de la boca o aquel lugar divino dual del
sexo: donde mora el semen medio agente del nacer, o donde
duerme el placer director del ser hacia la experiencia última
del sexo.
La siguiente relación revela el interés del
"tú" en renacer raíces "para
esperar el hueso o la patada
". En los reinos de
la personificación, esta alusión canina remite
al perro faldero esperando alimento para su hocico, o el desprecio:
aquello que se denomina, comúnmente, "la patada
por el culo". Sin embargo, el otro lado que expone la
presencia de "esperar" implica la obtención
de lo deseado, por lo cual descubriendo los opuestos
la posibilidad del sexo oral o el sexo anal quedan al desnudo.
La interrupción sugerida por los puntos suspensivos,
aunque sirve de apertura a un espacio, una espera, una trascendencia
del nivel sintácticosemántico de una estrofa
a otra, también funge como pretexto evasivo para callar
lo indecible. Al final del poema, la inexistencia del punto
final declara el carácter vicioso del sexo, expuesto
anteriormente.
La voz lírica, en Ceremonial, se percata
de su insuficiencia, de su necesidad del otro, y habla a ese
ser acerca del regreso como afirmación de la noción
íntima sobre el complemento ausente que ese otro constituye
(Todorov, 1999). El autor puede destacar su uso del término
"Ceremonial" como alusivo al acto masturbatorio
en el contexto del poema. Sin embargo, el poemario mismo puede
fungir como: "libro
en que están escritas
las ceremonias" que la voz lírica y su amante
celebran en privado (Real Academia Española, 1999).
El poema puede sugerir el "conjunto de formalidades para
cualquier acto
solemne" celebrado en una intimidad
traicionada por la descripción de la pieza (Real Academia
Española, 1999). En fin, el acto masturbatorio (ilusión
del encuentro deseado) y el acto sexual propiamente dicho,
desde el inicio hasta su conclusión, constan de preámbulos,
continuidades, cierres y reincidencias estrechamente idénticas
a aquellas pertenecientes a las ceremonias.
El
trabajo de Náter no presenta visos autobiográficos,
lingüísticos y de estilo con la misma vehemencia
y estridencia que distinguen a Ramos Otero. Empero, el mero
acto de escribir aunado a publicar es un tipo
de exposición, en el cual hay, en definitiva, una pose.
Si se establece este señalamiento al dato de que su
obra ha sido reconocida como representativa del homoerotismo
en páginas mundiales difundidas por la comunidad homosexual
(HIV/AIDS: A Short Reading List, 1994; Gay Poetry Anthology
Index, 2004), dicho escritor es también ficha relevante
en el movimiento de visibilidad digna que ejercen las comunidades
marginadas.
Las olas supieron que eran olas
Iván Segarra Báez tiene varios libros a su haber,
los cuales reflejan su curso como escritor. El primero (Candela,
1997) se dio como incursión del autor en la poesía
negrista. En el segundo (Entre tu cuerpo y mi alma,
2000), se hizo incipiente en la poesía "tradicional",
si podría así llamarse al empleo del lenguaje
convencional desplegado en una poesía volcada hacia
la norma. Continuó el mismo tipo de poesía con
Hay veces que llora el mar (2001), e inició
sus pasos en la novela en el año 2002 (El guardián
de la lujuria), cuando también publica su mejor
poemario significativo: El huerto de los salmos,
en el cual su voz emerge, sin dudas, protagónica. Realmente,
cada contribución adquiere matices muy particulares
y se acentúa, cada vez más, la presencia de
un escritor sensible y alborotado por sus emociones.
Por medio de la Internet, se puede acceder a comentarios acerca
de sus trabajos. Aún así, en varias páginas,
aparecen reproducciones de las intervenciones que otras personas
han aportado a sus obras, o los comentarios se limitan a juicios
de valor, livianos, sin formalismos de rigurosidad académica.
En varios "sites", se accede a información
acerca de él o de su obra, mas es muy somera e insustancial.
El
poema "Se conocieron" se presta como objeto de estudio,
ya que, con él, comienza la diafanidad de una voz auténtica
y abierta de quien se reconoce en sus circunstancias como
escritor, amante, viviente
transformador de vida en
literatura. El trabajo de Iván Segarra Báez
comienza a definir al autor en la gesta de su propia definición
como artista.
La influencia de otro autor queda manifiesta en su poema "Eternamente
solo" (Segarra, 2000), en que los versos "Serán
los ecos hondos del corazón latiendo/o raíces
amargas que nos envía la muerte" son descendencia
directa de César Vallejo y sus "Heraldos negros":
"Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;/o
los heraldos negros que nos manda la Muerte" (Anderson
Imbert & Florit, 1960). Sin embargo, sobresalen imágenes,
versos, poemas muy bien trabajados. Una muestra de éstos
es:
Entre tu barca y mi barca
no habrá corales de papel,
ni palomas mensajeras
que nos hagan latir el corazón entre dos ecos.
[
]
Desnudo frente al espejo
he visto la brevedad de la vida.
Todo acaba
Acabará el amor que te tengo,
acabará el sueño de besarte entre lágrimas,
acabará el silencio en féretro de guerra,
como acabará también
el beso que me dieras entre corales de papel
y encrespados cerros.
("Corales
de papel")
Amor,
Sedúceme
Nuestros cuerpos cabalgan desbocados
por la orilla del tiempo sin mañana.
[
]
Perviérteme la mente para no mirar la hoja
que se tiende recién reseca por un beso.
("Amor,
sedúceme")
Amor. ¿Has llegado a buscarme?
¡Qué lástima
!
Tus brazos no provocan en mí
la canción de la entrega perfecta.
("Cuando
regresa el amor")
En realidad, salvo cápsulas aisladas, Entre tu
cuerpo y mi alma no puede catalogarse como un trabajo
para la historia. Aun así, es piedra angular para la
producción de un escritor puertorriqueño hacia
quien habrá que tornar el rostro favorablemente, de
continuar su actual línea de desarrollo.
En cuanto a "Se conocieron", existe otra relación
importante en la forma. El poema fragmenta el encuentro sexual
en tres estrofas: la primera y la tercera constan de siete
versos cada una, y la segunda, de cinco. Las primeras dos
estrofas comienzan con los versos:
Se conocieron del mar, se conocieron.
Nuestros nunca cuerpos
El segundo verso parece arrancado de la tercera parte del
libro Invitación al polvo, de Ramos
Otero, cuyo preámbulo es: "La nada de nuestros
nunca cuerpos". El patrón citado anteriormente
halla su ruptura en la tercera estrofa:
Se conocieron del mar, se conocieron.
Nuestros siempre cuerpos
Como
en los dos poemas presentados anteriormente, los ambages de
la multidimensionalidad de acepciones son evidentes. Dos marineritos
se conocen del mar, como dos niños se conocen de la
escuela, según el uso popular de la expresión,
pero la constante alusión al mar y la repetición
de conocerse sugieren, además, la generación
de las olas. Fusiona los cuerpos y el mar. Da vida a cuerpos
de agua.
Otro aspecto queda exhibido con la intromisión de "nunca"
en el segundo verso. Tales cuerpos, ¿nunca fueron nuestros
el propio o el del otro, o nunca fueron cuerpos?
En la tercera estrofa, esta pregunta se retuerce, retroalimenta,
retrograda e impacta al lector: ¿Siempre fue mío
mi cuerpo? ¿Fue tuyo? ¿Fue cuerpo?
Estas
interrogantes justifican el esfuerzo de la voz por encontrar
la plenitud de la experiencia amorosa. La partición
del poema en tres niveles puede sugerir la tragedia del amor
en tres actos, o el concierto del amor en tres movimientos.
Sin embargo, dicha escisión en tres estrofas soporta
la lectura concerniente al intento por elevar la experiencia
sexual hacia la calidad mística de las vías
purgativa, iluminativa y unitiva. Empero, la consecución
queda frustrada. No se consuma el acto porque Dios no es el
móvil: es la pasión, es un igual. De ahí,
el precipicio expresado en la espera final:
y sobre el murmullo del amor a cada paso
esperé tu milagro de amor
sobre mi pecho.
El uso de "esperé" flota, se suspende, en
la pieza. El pretérito perfecto simple que titula la
obra y susurra encuentro, reciprocidad, conmutación,
podría tomarse como detalle de peso para afirmar la
consumación de la fusión corporal hasta la culminación
en el acto sexual. Aún así, categorizar esa
idea requiere mejores criterios. "Conocerse" vaga
desde saludarse y estrecharse las manos, hasta transportar
dicho encuentro al modo en que Sara conoció a Abraham.
El pretérito abandona su carácter de perfección
(de resaltar la conclusión de un acto) porque se convierte
en parte de un proceso mayor: el curso de la espera dentro
del transcurso de la relación sexual, tras la que cada
"ola" tendrá que decir "adiós".
Este acercamiento, como marejada, puede quedar, además,
en entredicho, ya que estamos ante un poema que en su
hablar, decretar e imitar amor y ola se convierte en
ola. Con pocos malabares, la pieza puede leerse desde el final
hacia el inicio y revestirse con el sentido regresivo. Constantemente,
el poema está condenado a viajar de modos prospectivo
y retrospectivo para nunca terminar.
Este poema está estructurado por series. Comienza con
el doble "se conocieron" en el verso inicial de
cada estrofa. Continúa con "nuestros nunca cuerpos"
en las primeras dos estrofas y la variante "siempre"
que asalta la tercera estrofa; al romper el patrón,
predice la conclusión. Luego, se instaura la gradación
"respiraban el hechizo de tus manos", "bailaban
abrazados para amarse" y "presentían la esperanza
del abrazo" en la primera, la segunda y la tercera estrofa,
respectivamente. Estas progresiones dotan al poema de un carácter
mágico conjurador por medio del cual las manos provocan
un abrazo o fusión que acaba, pero sus reminiscencias
se tornan esperanzadoras.
Otra
parte de las secuencias establecidas se manifiesta en el cuarto
verso de cada estrofa. "La caricia tibia de mi mente"
que incursiona en la primera estrofa cierra con "la caricia
mortal de cada ola" en la tercera: evocación y
despedida, encendimiento y apagamiento de la pasión,
completan su ciclo con el final de cada acto. Sin embargo,
se abre una brecha en el cuarto verso de la segunda estrofa,
pues "tu misterio de sombra en mi espalda" adquiere,
realmente, matices misteriosos. Una posible distinción
que esclarece esto es "mi milagro de amor sobre tu pecho"
del quinto verso en esa misma estrofa. Si dicha manifestación
milagrosa es producto de la eyaculación, lo cual sugeriría
la misma lectura para los versos finales:
esperé tu milagro de amor
sobre mi pecho
entonces, el misterio de sombra no es más que el cuerpo
de "el otro" tras "el uno"; se dilucida
el misterio. Ésa es la lectura que promoverá
este ensayo.
Este frecuente regreso para retocar o trastocar las series
remite de vuelta a los quintos versos de la primera y la tercera
estrofas. Los "borbotones marinos" sugeridores de
la ebullición del deseo y los sujetos/objetos que desean/son
deseados, en la primera estrofa, ceden al encuentro pasional
amoroso. Finalmente, queda "el murmullo del mar a cada
paso": tranquilidad, sosiego, calma, paz, muerte de la
efervescencia generadora del proceso "de la entrega",
quizás, aquella que quedó inconclusa en las
páginas iniciales del libro.
...continuación...
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