10
autores latinoamericanos:
"Cuando el verbo tensó su cuerda"
Por
Sergio Pravaz
LA LIRA
¿Quién
ha visto una lira?
La lira es una palabra.
Era instrumento, pero ahora
es más: es un vocablo.
Las cosas que se vuelven palabras
se magnifican o rebajan.
El lenguaje
tiene la virtud del amor:
exalta o mengua.
Por eso la lira me inquieta.
La lira es cosa muy barata.
¡Quien no tiene lira!
Yo quiero algo diferente.
Algo hecho de este alambre de púas;
algo que no pueda tocar un cualquiera,
que haga sangrar los dedos,
que dé un son como el son que hacen las balas
cuando inspirado el enemigo
quiere romper nuestro alambrado
a fuerza de tiros.
Aunque la gente diga que no es música,
las estrellas en sus danzas acatarán el nuevo ritmo.
PRISIONEROS
Son
gente.
De eso no cabe duda.
Gente como nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que suda,
que odia, que ama.
Gente como toda la gente,
y sin embargo diferente.
Como
les hemos arrancado,
todos los botones
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.
Pudiera ser el cansancio,
pero no es eso.
Pudiera ser la vergüenza...
En fin, que nos importa:
¡Son nuestros prisioneros!
Está
prohibido darles cigarrillos.
Bien. Se los daré a escondidas.
Alguno de ellos debe haber leído
a Goethe; o será de la familia de Beethoven
o de Kant; o sabrá tocar el violoncello...
ÚLTIMA
CARTA
Se me figura que todo el mundo ahora
debe sentir lo que yo siento.
Imagínate: ¡Hoy a salido el sol!
¡Hoy hemos visto el cielo!
Han
pasado incontables aeroplanos:
todos quedamos roncos
de gritarles saludos.
¡Qué nos iban a oír!
Pero oírse uno mismo es lo importante,
oírse hasta quedarse sordo,
y ver la luz del día hasta cegarse:
¿Verdad que es muy sencillo
el secreto del arte?
Tuvimos
un fuego al aire libre
hasta que nos obligaron a apagarlo.
El calor nos volvió contemplativos.
¡Todos nos chamuscamos los zapatos!
Otro descubrimiento divino:
Darse al calor hasta quemarse
es el secreto del misticismo.
Nadie
ha proferido ni una queja.
Es por entero falso que tengamos enemigo.
No nos hemos cruzado ni una bala.
Sin embargo, esta noche
esperamos ataque.
Por eso te escribo.
Salomón de la Selva