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niña sentía un extraño placer con el robo de pequeños
objetos,
en las cosas diminutas una intensa sensación de libertad. Así, desde las Doroteas una peregrinación continua por los cuartos oscuros, castigada en soledad. Desde el campanario tres sonidos graves. Eldígoras
ha muerto.
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Cada
tarde, a las tres, un ligero temblor transita entre los dedos de Verónica,
le alcanza el corazón.
Ha
venido corriendo la mujer gorda, la portera de la casa de Eldígoras
en el Puerto, junto al Espigón. Lo encontraron tendido en el lecho.
Hasta la saciedad la portera repite la imagen deforme, arqueando el cuerpo
con tosca habilidad.
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