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Palabras
como
Piedras
Usos
del Lenguaje
en El almuerzo desnudo
de William S. Burroughs
y en La naranja mecánica
de Anthony Burgess.
Sus posiciones
frente
al Estado.
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Escribe
Peter Sloterdijk:
"El humanismo
burgués no era otra cosa que el pleno poder para imponer
a la juventud los clásicos obligatorios y para declarar la
validez universal de las lecturas nacionales. De acuerdo con ello,
las propias naciones burguesas serían hasta cierto punto
productos literarios y postales: ficciones de una amistad predestinada
con lejanos compatriotas y amables círculos formados por
los lectores de ciertos autores comunes-propios que ellos consideran
fascinantes por antonomasia" [1].
Si
los estados nacionales burgueses son sociedades literarias epistolares,
entonces estos estados son posibles gracias a un código común
entre sus integrantes, es decir, a un código común
que hace posible la comunicación entre los emisores y los
receptores del mensaje. De esta manera, los estados humanistas burgueses,
escribe Sloterdijk, están formados por "aquellos pocos
elegidos que saben leer" [2].
Para
poder leer es necesario conocer el código.
Si
alguien infecta, como un virus, el código establecido, hegemónico,
cargado de significación e ideología, que es utilizado
en cierta sociedad literaria, en cierta cadena de cartas, y hace
de él un uso nuevo, lo deforma, lo mezcla con otros códigos,
o hasta inventa uno nuevo, ese alguien está tomando una clara
posición, ha cruzado la calle y se está parando en
la otra vereda y hasta está apedreando la vereda que acaba
de abandonar, destruyendo las ventanas de sus casas y sembrando
confusión en su tránsito. Seguramente, cuanto más
sean las piedras que caigan, más serán las personas
que en aquella vereda odiada, "aquella sociedad literaria",
corran a refugiarse y desaparecer, y hasta, por que no, decidir
también cambiar de vereda. Por supuesto, existe además
la posibilidad, muy segura por cierto, que en aquella vereda, en
aquel estado burgués, la gente intente defender lo suyo y
tome también piedras para tirar a esta vereda, sembrando
ahora confusión en el nuevo tránsito creado.
Los
usos del lenguaje en El almuerzo desnudo y en La
naranja mecánica se inscribirían dentro de
esta posición opuesta, de esta vereda contraria desde donde
se apedrea. El almuerzo desnudo "se cuenta"
a través de una jerga marginal compuesta de términos
claroscuros, por momentos muy oscuros e ilegibles, que giran alrededor
del universo de la droga y del drogadicto:
"¿Nunca
has visto cómo pega un chute caliente, chaval?"
[3];
"El paleto tiene una mirada de jovencito sincero"
[4];
"El ansioso se lo camela demasiado deprisa" [5];
etcétera.
La naranja mecánica "se cuenta" utilizando
frecuentemente una jerga inventada por el mismo autor, Anthony Burgess.
Este lenguaje se denomina "Nadsat" y es un idioma mezcla
de ruso, inglés y español usado por los chicos malos
de la historia:
"La
débochca vaciló un poco, y luego dijo: Espere. Se
alejó, y mis tres drugos habían bajado en silencio
del auto..." [6];
"Les confesé la ultraviolencia, el crasteo, los dratsas,
el unodós unodós, todo lo que había hecho hasta
la vesche de esa noche con el robo a la ptitsa starria y bugata
de los cotos y las cotas maullantes"[7];
etcétera.
Así pues, tanto El almuerzo desnudo como La
naranja mecánica, por los usos que hacen del lenguaje
(infectando, deformando y destruyendo), se posicionan en un lugar
negativo frente al Estado, teniendo en cuenta que el lenguaje es
un pilar de esas sociedades literarias que conforman las naciones
burguesas, donde el modelo es el humanismo escolar y educativo y
donde el lenguaje está sacralizado y es vía para la
enseñanza del canon estético, moral, cultural e ideológico
que apunta a mantener una unidad casi robótica de las conciencias.
Las jergas o los "usos desviados del lenguaje" siempre
han producido urticaria entre los miembros de las denominadas "sociedades
literarias". Siempre, las instituciones, las academias, han
intentado preservar la pureza de la lengua; muchos exigen "no
maltraten el idioma". Estas personas, especie de policías
que intentan preservar el orden lingüístico, o de limpiadores
atentos que se esfuerzan por mantener la higiene del lenguaje con
su franela y su trapo, se escandalizan ante el ataque y muchos de
ellos, como dije antes, presentan batalla y devuelven los piedrazos
a los nuevos insurrectos, a los subversivos.
De
esta forma, los usos del lenguaje terminan conformando bandos y
la contienda lingüística se convierte para el Estado,
desde el principio, en una contienda política.
Burroughs
y Burgess demuestran inquietudes similares en cuanto a contrarrestar
ese control que ejerce el Estado y ambos autores tienen, además,
aunque con algunas características diferentes, una misma
preocupación: el individuo.
En el caso de Burroughs y del movimiento Beatnik (Jack Kerouak,
John Clellon, Allen Ginsberg, etc.), la preocupación por
el individuo se manifiesta en un rechazo a todas las posturas políticas
por considerarlas opresivas, sobre todo teniendo en cuenta las políticas
norteamericanas de la época (los beatniks tienen su origen
a finales de la década del 40) donde todo está teñido
de un exagerado anticomunismo y donde la burocracia crece ostensiblemente.
Pero lo más importante, quizá por lo que a ellos les
tocaba, era el rechazo a la aplicación de técnicas
como el electroshock o la lobotomía para tratar "enfermedades
sociales" como la homosexualidad o el inconformismo. Esto último,
en El almuerzo desnudo, se pone en evidencia con la
figura del doctor Benway, el manipulador de las conciencias, experto
en el Control Total.
El término "beat" viene de "beaten down"
que significa derrotado. De esta forma, Kerouak, Clellon, etc.,
denominaban a las personas de su edad que vivían en Nueva
York, describiendo así, de alguna forma, a una sociedad barrida
por la depresión económica, la segunda guerra mundial
y la amenaza de la bomba atómica. La partícula nik
es un sufijo despectivo del yddish (el dialecto judeogermano que
daba "miedo" a Kafka). Por lo tanto, "beatnik"
vendría a significar "derrotaducho".
Así
pues, considerando la situación "derrotaducha"
de su época, los beatniks, entre ellos Burroughs, toman una
actitud de "vereda opuesta" y comienzan a apedrear todas
esas falsas moralidades, en busca de una salida al control totalitario
que el estado ejerce sobre los cuerpos y las conciencias, en busca,
en definitiva, de un hombre desnudo. Las jergas, los usos del lenguaje,
la experimentación con el montaje, el collage y la improvisación,
y las diferentes técnicas en el manejo de la palabra que
Burroughs lleva a cabo [8],
se inscriben como una piedra más frente a esa moral representada
en el lenguaje hegemónico con el cual, en términos
de Sloterdijk, se transmite el canon de la sociedad literaria humanista
que es la nación, modelo que, en la época de Burroughs,
está en crisis. En un reportaje Burroughs dice que lo que
a él le importa "es la transformación del individuo".
La preocupación por el individuo y por la búsqueda
de una salida frente al control del Estado se manifiesta también
en Anthony Burgess. "La naranja mecánica"
refiere, dijo Burgess, a la aplicación de una moralidad mecánica
a un organismo vivo que rebosa de jugo y de dulzura. Una vez más,
como en el caso de Burroughs, el problema se plantea frente a esa
opresión que sufre el individuo por parte de algo preestablecido
y que actúa sobre la mente y sobre el cuerpo. En este autor
el problema de la individualidad es trabajado sobre la figura del
"libre albedrío". Burgess, que había nacido
en el seno de una familia católica de Manchester, trabaja
en La naranja mecánica la cuestión de
la elección entre el bien y el mal, es decir, del libre albedrío.
Alex y su banda roban, golpean y violan. No cesan de "hacer
el mal" hasta que, como en Burroughs, aparece la cuestión
de la ciencia como instrumento de control y poder. Aquel "doctor
Benway" de El almuerzo desnudo será en
La naranja mecánica la técnica de Ludovico,
nuevo tratamiento de rehabilitación experimental, que se
ofrece a Alex a cambio de su libertad. Luego, Alex quedará
"finalizado". Es decir, quedará imposibilitado
de ejercer la violencia, su cuerpo ha sido acondicionado de tal
forma que el dolor no le permitirá ya nunca más hacer
el mal.
Ya sea con el "Dr. Benway", ya con la "técnica
de Ludovico", ambas obras coinciden en tirar piedras a una
realidad siniestra engendrada desde una sociedad que mantiene el
orden, utilitariamente, al condicionar a los individuos para que
éstos sigan determinadas conductas.
La "piedra" lingüística, en el caso de Burgess,
será el "Nadsat", idioma artificial creado a partir
de la ya artificialidad de la lengua. Como "idioma artificial"
entiéndase "una lengua cuyo léxico y gramática
han sido desarrollados desde una fuente individual"[9],
[10].
"Nadsat",
en el idioma creado por Burgess a partir del ruso, el inglés
y el español, significa "adolescente". Si pensamos
que todo adolescente es sinónimo de rebeldía, también
podemos pensar que, en este caso, el "Nadsat" sería
un hijo más entre los varios hijos rebeldes que ha engendrado
el padre lenguaje moralizador de las escuelas y el canon. Rebeldes
que se fugan de la casa de sus padres.
Por lo tanto, los rebeldes adolescentes, las jergas, los "nadsat",
de los autores como Burroughs y Burgess harían un uso violento
del lenguaje preestablecido porque abren las cartas de esa sociedad
epistolar humanista que describe Sloterdijk y rompen con la cadena.
En otras palabras, se ponen a tirar piedras a la vereda donde transita
el Estado castrador de conciencias porque este padre odiado sólo
pretende hacer de sus hijos, en términos de la generación
beatniks, un manojo de sumisos y maleables "derrotaduchos".
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NOTAS:
1.
Peter Sloterdijk, Normas para el parque humano,
Madrid, Ediciones Siruela, 2000 (pág. 27).
2.
Ob. cit. (pág. 23).
3.
William S. Burroughs, El almuerzo desnudo, Barcelona,
Anagrama, 1989 (pág. 18).
4.
Ob. cit. (pág. 19).
5.
Ob. cit. (pág. 19).
6.
Anthony Burgess, La naranja mecánica,
Buenos Aires, Minotauro, 1962 (pág. 25).
7.
Ob. cit. (pág. 68).
8.
Por ejemplo el corte, que es una técnica de collage
aplicada a la prosa que consiste en cortar y mezclar el texto.
9.
Robert Isenberg, http://lambenor.free.fr/ardalambion/artlang.html
10.
Otros casos de lengua artificial serían el Esperanto,
creado por Ludovic Lazarus Zamenhof , el klingon, lengua de
una ficticia raza extraterrestre en la serie televisiva de
Star Trek, el élfico, hecho dos lenguas,
quenya y sindarin, que sirven de lenguas de los elfos en la
obra de J.R. Tolkien El Señor de los Anillos,
etc. También quisiera agregar que en un pasaje del
cuento Funes el memorioso, Borges se refiere
a los idiomas creados por fuentes individuales, poniendo por
ejemplo a Locke en el siglo XVII y al mismo Funes que no sólo
había intentado crear un idioma sino también
un sistema de numeración.
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©
Juan
Diego Incardona
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