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Dos
en
la carretera:
escenas
de un
matrimonio |
¿Qué
clase de personas
son las que se pasan horas
sin tener nada que decirse?
Los
matrimonios.
(Diálogo
entre Albert Finney
y Audrey Hepburn
en Dos en la carretera)

Después
de una envidiable trayectoria en el mundo del musical donde dio
a luz obras tan míticas como Un
día en Nueva York (1949) o Cantando
bajo la lluvia (1952), Stanley Donen sorprendió
a los espectadores en la década de los 60 con dos películas
policíacas, Charada (1963)
y Arabesco (1966), que, pese
a su adscripción meramente orientativa en un género
cinematográfico distinto, seguían conservando la elegancia
y la agilidad que ya habían caracterizado a su autor y que
continuarían haciéndolo hasta su retiro artístico.
En ellas podía apreciarse el habitual buen gusto de Donen
por la comedia romántica y sofisticada y, al mismo tiempo,
la evolución de su cine hacia nuevos derroteros que no descartaban
el homenaje a otros realizadores (como, por ejemplo, Alfred Hitchcock).
Este par de films contribuyeron a ampliar la visión que actualmente
tenemos de su carrera marcando un antes y un después. El
punto álgido de dicha evolución fue Dos
en la carretera (1967), un lúcido retrato del
matrimonio que surgió de la colaboración de este cineasta
con el guionista Frederic Raphael (Eyes
Wide Shut).
El
film parte de una estructura narrativa basada en continuos saltos
en el tiempo y construye su discurso a través de la interrelación
entre cuatro épocas distintas de la vida de una pareja. Durante
el transcurso de un viaje, Mark (Albert Finney) y Joanna Wallace
(Audrey Hepburn) reflexionan sobre los diferentes momentos que ha
atravesado su relación desde que se conocieron cuando eran
jóvenes hasta el momento presente en que el matrimonio se
ha convertido para ellos en un lastre que arrastran día tras
día. La pasión inicial ha desaparecido y el paso del
tiempo ha ido desgastando los sentimientos mutuos y las ilusiones
de ambos. Se ha producido un ascenso en el status social
de la pareja paralelo a la crisis conyugal en que han desembocado,
factor que aporta una visión crítica acerca de lo
independientes que resultan el bienestar económico y los
sentimientos personales en las relaciones humanas. Cada etapa de
su vida está mostrada por medio de cambios externos (con
el tiempo, los Wallace hacen gala de un mayor nivel adquisitivo)
y también internos (de carácter más personal
e íntimo). El distanciamiento de la pareja da lugar a infidelidades
que posteriormente tratan de solucionar para pasar a preguntarse
al cabo de poco tiempo por qué no decidieron divorciarse
entonces en lugar de prolongar lo inevitable. El final de la película
nos muestra cómo Mark y Joanna aceptan el futuro con conformismo
a sabiendas de que su relación jamás volverá
a recuperar la intensidad que auguraba en un principio.
Donen
compone un mosaico de escenas alternando momentos correspondientes
a los cuatro distintos periodos que atraviesa la pareja. Por medio
del montaje paralelo estos periodos se van aproximando hasta concretarse
en conceptos tan paradigmáticos como la erosión inexorable
del amor y la descomposición de la pareja, la pérdida
de las ilusiones y el distanciamiento emocional.
Paradójicamente
el tratamiento que Donen proporciona a la historia nos la hace más
cercana y menos distante para el espectador que los fríos
análisis matrimoniales rodados por Bergman (Secretos
de un matrimonio), Rossellini (Viaggio
in Italia) o Antonioni (La noche).
De hecho, Dos en la carretera
es una película con un fuerte componente nostálgico.
Las relaciones de la pareja son vistas desde una perspectiva melancólica,
recurriendo continuamente al flash back para mostrarnos cómo
eran éstas inicialmente con el propósito de contrastarlas,
acto seguido, con la separación que se ha establecido en
el presente entre una persona y otra. De este modo, el espectador
se conmueve y se lamenta a la vez contemplando el carácter
efímero de la pasión humana y los giros que ésta
es capaz de dar.

Por medio de vínculos gráficos asociativos, Donen
introduce los saltos en el tiempo a través de detalles del
pasado que varían substancialmente de significado en el presente
y viceversa, hecho que el espectador capta como síntoma de
una pérdida afectiva importante debida al transcurso del
tiempo. Las escenas correspondientes a cada distinto ciclo de la
pareja están muy elaboradas, con el objetivo de dejar una
constancia patente de que los años han pasado dejando una
impronta terrible entre el hoy y el ayer. El peinado y el vestuario
de los dos protagonistas, así como los diferentes coches
que se compran en relación con el próspero status
económico que van adquiriendo nos transmiten con gran
credibilidad el cambio que se ha producido entre las diferentes
épocas del matrimonio de Mark y Joanna. Todo ello narrado
con la estructura de una road movie, pues las cuatro etapas
que vemos atravesar a esta pareja se corresponden con cuatro viajes
distintos que realizan por Europa.
Por
otra parte, hemos hablado de Dos en la
carretera como de un análisis lúcido de
la institución matrimonial y las inestabilidades a las que
dicha institución se ve sujeta. Por lo tanto, a la hora de
ver la película lo que presenciamos es el paulatino proceso
de desintegración de una pareja con todo lujo de detalles:
los reproches mutuos, las actitudes egoístas, la insatisfacción
propia del carácter impersonal que llegan a adquirir las
relaciones sexuales, las separaciones y las reconciliaciones, la
frialdad en el trato, el cinismo... Donen y Raphael siembran esta
historia de elementos muy realistas que son propios de los problemas
conyugales que pueden darse en los matrimonios. Y todo ello expuesto
con una gran sensibilidad y una enorme capacidad de convicción
dentro de un relato que, no por fragmentario, resulta menos fluido.
Dos
en la carretera es una auténtica bomba de relojería
en su concepción interna. La labor de guión, puesta
en escena y montaje es tan brillante y está tan bien compenetrada
que el resultado se beneficia de una gran solidez. La sensible partitura
de Henry Mancini y las extraordinarias interpretaciones de Audrey
Hepburn y Albert Finney no hacen más que confirmar el hecho
de que el film se haya convertido, a estas alturas, en una de las
películas más importantes de su autor y, a nivel de
contenidos, en una pieza muy recomendable para analizar la influencia
del paso del tiempo en la vida matrimonial.

Dos años después, Stanley Donen trataría de
introducirse nuevamente en las intimidades de una pareja con La
escalera (1969), en la que Rex Harrison y Richard Burton
interpretaban a una pareja de homosexuales, pero esta vez el resultado
no estuvo a la altura de su precedente. Pues, a pesar de que su
punto de vista pueda resultar un tanto cruento, Dos
en la carretera se ha convertido con pleno derecho en
una hermosa obra maestra a reivindicar.
©
Carlos
Giménez Soria

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