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Me
parece muy oportuno hacer mención de ésta virgen y mártir,
como lo fuera Santa Cecilia, ya que en el mes de noviembre se celebra
el "Día del Músico" y de ella sabemos que es
nuestra patrona.
Esta sencilla y muy modesta doncella que daba testimonio de su gran
amor y apego a la música, además del gran amor que sentía
hacia Dios, sufrió la muerte de los mártires en el año
230.
A Santa Cecilia, grandes maestros de la pintura la han representado
tañendo un órgano portátil, una vihuela de arco
o algún otro instrumento de cuerda; además aparece en
decoraciones de las tablas de algunos instrumentos musicales tales como
la espineta o virginal.
Quisiera hacer mención de un tema que por celebrarse el "Día
del Músico" vale la pena resaltar, pues, del trono de Dios
emanan notas sublimes de celestial ternura, poder que alienta en la
común criatura, LA MÚSICA...
Arte del cielo revelado al hombre, a Jubal ("Y el nombre de su
hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta",
Gén. 4:21), descendientes de Caín maldito, porque así
lo dispuso la Sabia Providencia para el pobre mortal que parecía
proscrito, del cielo de Dios, de la eficaz clemencia.
Surgió en el alma de Bach y de Beethoven, invadió la vida
de Haendel, de Rossini y de Chopin, transportó a las alturas
a Shubert, a Verdi y a Strauss, resonó en los salmos del Inspirado
Libro, elevó a David a majestuosa cumbre por la nívea
escala del pentagrama santo.
Revelación excelsa del Divino Artista, lengua de los ángeles
que en el cielo moran, delicado impacto que lleva el pensamiento a un
mundo mejor donde se vive libre, libre del temor, de la fatal condena;
donde se aspira aroma de perfumadas flores, donde se encuentra a Cristo
con su eternal diadema, donde por siempre brillan sublimes resplandores.
Es pues, la música, sin lugar a duda, el corazón de la
vida en su sabor excelso, la expresión del amor como lo dijo
Liszt y lo confirma siempre la experiencia diaria. Sus bellos acordes
repercuten siempre en los grandes festivales y patrióticos eventos,
en las suntuosas bodas, en paseos y funerales.
¡Oh, Música!, de todos, patrimonio bueno: de los hombres
y naciones, por tus mil aplicaciones.
Sonad, repercutid, vibrad... vuestra tarea cumplid... y allá
en lontananza donde la luz se pierde, la música sabrá
en su impecable historia hacer que resuciten el gozo y la esperanza;
que surjan los destellos e inunden la memoria, borrando en los mortales
angustias y pesares; y en las mansiones ricas de místicas alturas,
resuenen los conjuntos, seráficos, triunfales que digan con firmeza
a todas las criaturas: la música es divina y propia de los santos
que entonan complacientes el himno a la virtud, y así terminan
ahora las penas y quebrantos... por ella, a Dios, eterna gratitud.
Como plasmó el poeta mexicano Amado Nervo:
"... sólo las claves, sólo las pautas
y las notas revelarán al mundo sus bellezas innatas.
Platón oyó a los orbes
su concierto ideal,
y Beethoven, a veces,
lo escuchó en el mutismo nocturno.
Todo es música: los astros,
el abismo,
las almas...
¡y Dios mismo es un Dios musical!".
Sirva esta fecha muy conmemorativa para mandarles un saludo afectuoso
a todos los artistas que están vinculados directamente en el
quehacer musical, a los que con su presencia apoyan las actividades
musicales en las salas de conciertos de los centros culturales del país,
a los que con sus aportes económicos nos brindan la seguridad
de seguir haciéndolo y cada vez mejor, a todos los amantes de
este género artístico difundido, apreciado y cada día
más solicitado; a todos ellos vaya una salutación y recuerden:
Cada día haciéndolo y que cada vez ¡sea mejor!.
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