The best of me then when no longer visible, for toward that
I have been incessantly preparing.
WALT
WHITMAN
Pero es natural que esta idea suscite recelos: la naturaleza,
que tan avara se muestra con el genio, ese producto raro y
precioso, ¿habría de haberse sentido pródiga
hasta la locura en un determinado momento?
FIEDRICH
NIETZSCHE
Enigma: Morada del hombre. En toda la obra de Silvina Ocampo,
se atestigua y se proclama un peculiar deseo de desmentir la
mera realidad visible -circundante, falsaria y unilineal la
mayoría de las veces-, no por el mismo afán de
contradecirla o negarla, sino para vindicar la múltiple
creación de universos.
A diferencia del "secreto", del que esperamos una
rápida o contundente resolución sin mayores pretensiones
filosóficas que la de una adivinanza o combinación
previsible de nimiedades o, en los casos más afortunados,
el desciframiento de un crimen [1],
el "enigma" nos somete de inmediato a la gravitación
de lo imposible. Por todo ello, el secreto espera una puerta
de salida a su clave, el enigma -contrario sensu- crea una para
derribarla después.
A
despecho de una concepción de enigma, en el caso puntual
de Borges aparece en ciertos textos una marcada preferencia,
en otro orden de cosas, por las posibilidades semánticas
del "secreto". Escribe en su prólogo a "Artificios"
(1944): "En la alegoría del Fénix me impuse
el problema de sugerir un hecho común -el Secreto- de
una manera vacilante y gradual que resultara, al fin, inequívoca;
no sé hasta dónde la fortuna me ha acompañado."
El Secreto, representa en el relato de Borges, un modus operandi,
un hábito ancestral no cariado por los trabajos del tiempo.
Podría decirse que en él predomina un carácter
ornamental ("...Pero como no hay grupo humano en que no
figuren partidarios del Fénix, también es cierto
que no hay persecución o rigor que éstos no hayan
sufrido y ejecutado... El rito constituye el Secreto... Lo raro
es que el Secreto no se haya perdido hace tiempo...)"[2]
¿Y
qué representa "lo imposible", sino un evidente
e irreprimible espacio de la ausencia, una narración
del mundo, una ausencia del mundo, pero también una reconstrucción
sobre sus escombros? El enigma inaugura siempre el espacio de
lo conjetural, una vastísima topografía (indisoluble
del tiempo) en que la ambigüedad es su ley, pero también
su controversia. Siguiendo la nomenclatura aristotélica
de la Poética, el enigma nos plantearía desde
el origen un espacio de anagnórisis ("el más
bello reconocimiento es el que va acompañado de la peripecia"),
es decir un arduo camino desde la ignorancia al conocimiento,
considerado este último para Silvina Ocampo como una
no decidida cristalización de los mundos que refracta.
Pero hay un punto en el que la escritora se aleja definitivamente
del ars poética [3]
de Aristóteles: la verosimilitud. En relación
con el discurso (continúo citando al griego) "es
preferible lo imposible convincente que lo posible que no convence."
Resulta necesario, entonces, explicar lo imposible en relación
con la poesía, que el paradigma significativo sobrepase
a la realidad significante. "La verosimilitud es lo necesario
en todo discurso (...)", declara Aristóteles sin
reticencia alguna. No es obra de poeta decir lo que ha sucedido,
sino lo que podría o, en todo caso, resulta posible.
Para Silvina Ocampo, la escritura (no el texto) convoca un entrecruzamiento
de apariencias situadas, instigadas y sustraídas en el
océano del crimen: no hallamos jamás un punto
inmóvil que condescienda a las crasas connotaciones de
la realidad. La escritura es una representación planetaria,
nunca un reflejo. La escritura es un espacio dis-continuo del
enigma.
La poeta Alejandra Pizarnik, amiga de la autora, considera en
un breve ensayo que "(S.O.) se traslada al plano de la
realidad sin haberla dejado nunca. Asimismo, se traslada al
plano de la irrealidad sin haberlo dejado nunca. Claro es que
términos como realidad e irrealidad resultan perfectamente
inadecuados. Pero para sugerir con más propiedad ciertos
gestos y cierta mudanza, habría que remitirse, en este
caso, a las danzas japonesas, a su tenue grafía corporal.
Entretanto, vale la pena recordar a Sterne: Hay miradas de una
sutileza tan compleja..."[4]
Toda la escritura del mundo se irá reduciendo en Silvina
Ocampo a una pérdida: ausencia de toda presencia inicial,
transformación de la ausencia en una recherche replegada
sobre sí misma. ¿Acaso no es siempre la escritura
una busca sobre "lo-que-no-está", es decir
sobre los resíduos y el espasmo de su propia piel?
Enigma: álgebra virtual de la palabra en torno a la revelación.
Y no hay revelación (Apocalipsis) sin un cuerpo textual
que indaga desde el espesor hasta los huesos, las tramas de
todo laberinto. Cualesquiera que sean los objetos del mundo
que aparecen en ellas, siempre la poiesis incluirá la
sustitución -la simulada transferencia- de un orbe por
otro.
Por ello, no hay enigma sin la conjetura vuelta (replegada)
hacia adentro, indagando sus leyes no preestablecidas de antemano,
escrutando aquella naturaleza tantálica: el desconcierto
creciente del sujeto de ser testigo y espectador del magnífico
simulacro.
Aun antes de la tragedias griegas y de la edificación
del mito de la esfinge tebana, las tablas asirias y caldeas
codifican más allá del "epos" y de la
normativa religiosa -"mythos" incluido- un universo
del enigma. La Tabla de Asurbanipal lo atestigua. Por otro lado,
¿qué eran los dioses y semidioses helénicos
sino un reflejo irónico y eficaz de los enigmas del hombre
de su tiempo? ¿Qué había en aquellas posesas
del delirio divino llamadas ménades, nodrizas de Baco,
dios de Tracia? Nietzsche, en su joven análisis de la
tragedia griega, retoma el concepto de "entusiasmo",
para explicar los ritos religiosos en honor a Dionysos, adjudicándole
el espacio del ensueño y su fascinación. Rescata,
entonces, los versos de "Los Maestros Cantores" de
Hans Sachs:
"Amigo
mío, la verdadera obra del poeta
es cifrar y traducir sus ensueños.
Creedme: la más verdadera ilusión del hombre
se le concede en sueños:
Todo el arte de la poesía y del poeta
no es más que la expresión de la verdad del ensueño."
Resulta harto interesante volver a indagar el carácter
del artista lírico expuesto por Nietzsche, en contraposición
al concepto de "lied" del Shopenhauer de "El
Mundo como Voluntad y Representación", concepto
que, según el primero, reduciría a la poesía
"(...) a un arte precario, logrado, en cierto modo, por
esfuerzos sucesivos, y las más de las veces impotente
para realizar sus propósitos; en fin, como un semiarte."
Anota Nietzsche: "(...) Tenemos, ciertamente, el derecho
de pensar que, para el verdadero Creador, somos imágenes
y proyecciones artísticas, y que nuestra más alta
prez es nuestra significación de obras de arte-únicamente
como fenómeno estético puede "justificarse"
eternamente la existencia y el mundo-, y en realidad tenemos
casi tan escasa conciencia de esta función que nos está
confiada, como los guerreros pintados en un cuadro, de la batalla
que allí se representa. Y así, todo nuestro conocimiento
del arte es, en el fondo, absolutamente ilusorio, porque, en
cuanto poseedores de este conocimiento, no nos unificamos ni
identificamos con ese principio esencial que, único creador
y espectador de esta comedia del arte, se proporciona con ella
un eterno recreo." Una metamorfosis proteica va mucho más
allá del sujeto y su mirada. Debe cumplirse el ciclo
mágico, la trama del hechizo. Y prosigue después:
"Sólo el genio, en el acto de la producción
artística y en cuanto se identifica con este artista
primordial del mundo, sabe algo de la eterna esencia del arte,
pues entonces, como por milagro, se ha hecho semejante a la
turbadora figura de la leyenda, que tenía la facultad
de volver sus ojos hacia sí misma para contemplarse;
ahora es a la vez sujeto y objeto, poeta, actor y espectador."
Para
el análisis del "desgraciado" Edipo, el autor
de Zaratustra nos muestra a un Sófocles revelador "como
poeta (de) un enigma prodigiosamente oscuro y complicado, que
él, justiciero, resuelve lentamente, palabra por palabra,
para su propia pérdida." Si todo esto, por su lado,
nos parece ya supuesto o evidente, no deja de desasosegarnos
el hecho de que el anti-héroe trágico deba contrariar
la misma naturaleza -de manera inconsciente y abrupta- para
poder descifrar las entrañas del misterio. No vanamente,
Nietzsche utiliza el epíteto de "híbrida"
para la vieja esfinge, adjudicándole el de "adivinador
de enigmas" a Edipo.[5]
Enigma: resolución y ficcionalidad del mundo. No hay
sino contrarios -o pseudocontrarios- que se acechan ad infinitum,
imprimiendo en la escritura la utopía de una síntesis
final que nunca llega, porque lejos de afirmar un nuevo orbe
lo anularía, despojándolo. La naturaleza del enigma
resulta de fundar el relato sobre la conjetura, la desrealización
y cada exasperado anacronismo.
Pero, en sí mismo, el enigma es inconcebible. En este
aspecto, Silvina Ocampo coincide con Borges ya que, al igual
que el universo (admitamos por un instante su sinonimia con
el concepto enigma), tan sólo podemos "mencionarlo"
o "aludirlo".
Silvina
Ocampo ha releído maestros comunes a Bioy Casares, J.R.
Wilcock , Borges y otros escritores de su tiempo: tampoco es
casual que en sus textos aparezcan mencionados -eso sí,
pudorosa y subrepticiamente en el mayor número de casos-
filósofos de la talla de Shopenhauer y Platón.
Un campo de conocimiento que no hace sino prodigar las posibilidades
de un corpus que se amplía en el tiempo, especie de Espejo
Universal o de Memoria Feroz, aterradores y desmentidos, cada
vez, en su dédalo de artificios [6].
Las "trampas del desdoblamiento", como quiere Michel
Foucault, acechan en las estrategias de discurso de la autora,
borrajeando dobles, recreando mundos inverosímiles, aun
a pesar de la contingencia, o por la contingencia misma. En
"Poema para una muerte efímera"[7],
el sentido de lo real se vuelve poroso y ambiguo, la muerte
y los sueños se estabilizan en una curiosa eternidad:
"La muerte es de los otros,/la muerte con sus rígidos
códigos y aparatos/no ha de pertenecerme. Viviré
para siempre."
Las ramificaciones místicas y ontológicas del
enigma abarcan nombres ilustrísimos y otros casi olvidados:
Parménides, Heráclito, Luciano de Samosata, Virgilio
y Ovidio, Plotino, los maestros de la Kábala, el Libro
de Job, los profetas, Simón el mago, Ruth la moabita,
Escoto Erígena, los empiristas ingleses, Voltaire, Lord
Dunsany, León Bloy, Villiers de L´Isle Adam, Olaf
Stapleton, John William Dunne, el antropólogo y fotógrafo
Francis Galton, autor de "Inquiries into human faculty
and its development", y el iridiscente Shaw de "Back
to Methusaleh". En esta última obra, una suerte
de divinidad geométrica-panteísta [8]
sale de sí misma para identificarse con el universo.
Análogamente, en "La Tentation de Saint Antoine",
de Flaubert, el desbordado personaje no elude ese deseo hiperbólico,
casi inocente, imposible, de ser el dios.[9]Estos
juegos especulares aparecen, como se verá en el transcurso
de este estudio, en numerosos relatos y poemas de Silvina Ocampo.
[10]
¿Hasta
qué punto el Enigma -ahora arquetípicamente- no
representa una apostasía de la escritura del mundo? ¿Hasta
qué punto no la descifra en su interior, donándonos
jirones de semejante odisea? ¿El espíritu sopla
donde quiere? ¿La escritura se rebela contra los intrincados
mecanismos verbales que la hacen visible?
Si
para Mallarmé, el Todo es una excusa o, complejamente,
una trampa de espejos tendiente a terminar en el libro; si para
Bloy, todo es signo de una despiadada e inmarcesible criptografía
de Dios en medio de las emboscadas de este lado; si para Borges
la Biblioteca de Babel contiene el posible universo, desde y
hacia todos los espacios
[11],
en Silvina Ocampo encontramos la fundación y desfundación
del mundo a partir del enigma. Ahora podemos unir una casa de
azúcar con las angustiadas cárceles de Piranesi,
un cielo de claraboyas con el apócrifo epitafio romano,
una adivina de un barrio típicamente argentino con el
león cautivo en una medalla.
No están ausentes, por cierto, las posibilidades temporales
y espaciales -casi narradas- de su país en "Enumeración
de la Patria", siempre entrevista como zona visible de
la conjetura:
"Oh,
desmedido territorio nuestro,
Violentísimo y párvulo. Te muestro
En un infiel espejo."
Las
relaciones dialógicas mito-historia, escritura-imagen,
orden-caos, interior-exterior, con sus correspondientes ramificaciones,
falsifican (se diría, didácticamente) los ilimitados
engranajes y procedimientos. Es que el enigma no puede sino
reflejarse, quebradizamente, en espejos infieles.
Quizá
para Emily Dickinson, de la que nuestra autora tradujo más
de medio millar de poemas, una tenaz convicción llevó
a relacionar el enigma, como Borges, con el problema metafísico
de la eternidad. En el número 1588, nos advierte:
"Irse
de un mundo conocido
a otro que todavía es enigma
es como la adversidad de un niño
cuyo paisaje es la colina.
Tras la colina hay brujería,
y todo lo desconocido.
¿Será digno el secreto
de la solitaria travesía?"
Y
en el poema siguiente:
"(...)
pero cuando no puedo reunir la Fuerza
ni moldearlo en la Palabra,
sé que es signo seguro
de que el nuevo Dilema está
más lejos de la matemática
que de la Eternidad."
Y,
finalmente, en el número 1681:
"La
palabra es un síntoma de afecto
y el silencio es
la comunicación más perfecta
que nadie puede oír."
Cada trama del enigma supone una firma topografía de
alusiones, de fusión creciente de los niveles isotópicos
de lectura, pero también de elucidaciones. En los cuentos
de Silvina Ocampo, sobre todo, se evidencia este conflicto que
hace de cada texto un universo autónomo. "Todo el
mundo dice: Yo tal cosa, yo tal otra, salvo yo que preferiría
no ser yo (...) En alguna versión de mi nacimiento, mi
madre era polaca y vestía un traje nuevo, y calzaba un
par de zapatos de charol negro; en otra versión, era
italiana y llevaba un vestido raído y un atado de leña;
en otra, era simplemente una colegiala que llevaba debajo del
brazo un cuaderno y dos libros (uno de geografía y otro
de historia); en otra, era una gitana mugrienta, que llevaba
en un bolsillo de su falda roja barajas españolas y monedas
de oro. No faltó quien me regalara una fotografía
apócrifa de mi madre."[12]
No
hay, en el transcurso del enigma, una voluntad "trascendentalista",
una construcción de una épica de la conciencia
"hacia afuera", a la manera de un Joyce o un Svevo.
Las formas imaginarias se cierran sobre sí mismas para
redescubrirse en una especie de "retombée"
espiralada que también se refleja hasta la exasperación.
El secreto, en cambio, resulta una actitud íntima, presa
obligada de los sentidos: casi un rasgo de conducta de la autora
[13].
Con fe ciega, el enigma busca la propia ultimación: ¿Acaso
no está el crimen en su más honda naturaleza?
El pacto desea -a fortiore- lanzarse al conocimiento de esa
esfinge. Si por instantes, Emily Dickinson nos habla de "La
Eternidad de Ahoras", por el otro registra su reverso de
un modo atendible:
"Nada"
es la fuerza
que al mundo renueva.
[14]
Con el humor o más acá de él, con los altos
abismos de la poesía, Silvina Ocampo interrogó
(como Montaigne [15]
y Emily) esos territorios. Su "quisiera escribir un libro
sobre nada" no tiende a refutar esta teoría, sino
a confirmarla plenamente.
LONDRES,
SEPTIEMBRE DE 1997