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Adrienne
Monnier
tenía veintitrès años cuando abrió su
librería en el número 7 de la rue de l'Odéon
de París.
En
1917 conoce a la que será su íntima amiga, colega
y cómplice literaria, la americana Sylvia Beach, con la que
compartirá su vida durante diecisiete años. En 1919
Sylvia Beach abre una pequeña librería inglesa en
la rue Dupuytren y pronto se instala exactamente enfrente de la
librería de Adrienne Monnier, en el número 12 de la
rue de l'Odéon. Las librerías gemelas "La Maison
des Amis des livres" y "Shakespeare and Company"
serán hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, dos magníficos
y célebres salones literarios que reunirán durante
más de veinte años a toda la vanguardia europea y
americana. Citemos sólo algunos nombres: Gide, Valéry,
Larbaud, Claudel, Gisèle Freund, André Breton, Gertrude
Stein, Hemingway, George Antheil; y tantos otros, y Joyce. Joyce,
cuyo "Ulysses" fue publicado por Sylvia Beach en 1922
luego de ser rechazado por todos los editores y cuya primera y admirable
traducción-recreación al francés fue comenzada
del otro lado de la rue de l'Odéon por Valery Larbaud.

Adrienne Monnier también dirigió una revista, Le
navire d'argent, en la que publicó, con su proverbial
generosidad, a todos los escritores que amaba. Fue en esa revista,
por ejemplo, que Saint-Exupéry publicó su primer texto
literario. Por otra parte, la excelencia literaria era para ella
el único criterio de selección. Entre los amigos de
la casa y colaboradores de la revista podía encontrarse a
los escritores más disímiles y aun opuestos: el escéptico
Paul Valéry, el contradictorio y siempre fascinante André
Gide, el pagano Saint-John-Perse, el ferviente católico Paul
Claudel, el revolucionario Louis Aragon, el dulcísimo Apollinaire,
y hasta el lejano Alfonso Reyes, embajador de México; y así
podríamos seguir hasta cubrir casi todo el espectro literario
y aun musical de la época.
Adrienne
Monnier nos ha dejado sus recuerdos de librera y un, desgraciadamente,
pequeño volumen de poemas que, a pesar del entusiasmo que
provocó en Valery Larbaud, permanece como uno de los capítulos
mas desconocidos y solitarios de la poesía francesa de la
primera mitad del siglo XX.
Adrienne Monnier se quitó la vida en 1955.
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